| Tenebroso aspecto que presentaba la quebrada de El Tejar. Foto: Libro Quito Monumental y Pintoresco. |
Tomado del libro Quito Monumental y Pintoresco de Bolívar Bravo Arauz.
Al occidente de la ciudad de Quito y en las faldas del Pichincha, se encuentra un centenario edificio de sólida construcción y severa arquitectura, con suma facilidad se destaca y atrae la atención por su magnitud y uniformidad.
Desde este lugar se aprecia un horizonte amplio y encantador, sobre todo en los días de verano, con un cielo despejado, ese lugar privilegiado por su tranquilidad y hermosura es El Tejar, que encierra una maravillosa historia.
El padre Hernando de Granada, mercedario, uno de los religiosos que vinieron con Benalcázar, solicitó al Cabildo de Quito sitios para edificar el Convento de Nuestra madre de la Merced. Obtuvo como respuesta cuatro solares y dos fanegas de tierras para sembrar. Estas dos fanegas de terreno estaban situadas en el lugar frente a las casas del placer del Inca Huayna-Cápac que ocupaban, lo que actualmente y por este motivo, se llama El Placer hoy donde funcionaba el normal Juan Montalvo.
Este lugar adjudicado por el Cabildo al padre Granada, muy pronto fue llamado El Tejar, porque en él se instaló el primer tejar que abasteció de tejas a las construcciones de la naciente ciudad de Quito.
El lugar era solitario y abandonado y pasaron muchos siglos para que Quito avanzara hasta allá; mientras tanto, solo había un galpón enorme donde se fabricaban las tejas, el horno y dos chorras pajizas de los indios gañanes.
En esta colina, desde donde se domina la ciudad y cuya soledad convida al recogimiento y a la meditación, un santo religioso, el padre Francisco de Jesús Bolaños, en 1733, principió la construcción de la monumental recolección mercedaria con una capacidad para 30 religiosos que quisieran entregarse a una vida más perfecta, siguiendo las huellas del Santo Fundador. Allí concurrían también por dos ocasiones al año, o sea, durante la Cuaresma y antes de Pentecostés, seglares que querían purificar sus conciencias y arreglar su mejor sus vidas. El padre Bolaños fue el apóstol de los ejercicios espirituales para seglares de ambos sexos, construyendo para este fin, adjunto a la recolección, un edificio capaz de alojar a 109 ejercitantes. Estos ejercicios hicieron célebre a El Tejar.
| El Monumento al sabio educador Hermano Miguel, de las escuelas cristianas. Se hallaba ubicado en el parque El Tejar. |
Detrás de la Recolección y formando parte de la propiedad mercedaria, se encuentra el cementerio. Hasta 1862 era el único abierto al público, sin que se logre hasta el momento precisar desde cuándo principió a prestar sus servicios. En este histórico cementerio fueron sepultados los combatientes del 24 de mayo de 1822 en el número de 6400 españoles y 200 patriotas.
En las enhiestas torres de El Tejar, el 24 de mayo de 1822, los quiteños vieron flamear por primera vez el pabellón de Colombia libre. Bajo sus arcadas, durmió arrullado por la victoria y el vencedor de Pichincha, Antonio José de Sucre. El 25 de mayo de ese mismo año, o sea al día siguiente del triunfo, recibió allí a los comisionados del Gobierno español, Coronel Francisco González y Manuel Martínez de Aparicio, para celebrar la capitulación de los comisionados patriotas que fueron los coroneles Andrés de Santa Cruz y Antonio Morales.
Antes del mediodía del 25, Sucre dejó la recoleta de El Tejar para hacer su triunfal entrada a Quito, que lo aclamaba con frenesí.
27 años antes de esa fecha, el 28 de diciembre de 1795, la Recolección Mercedaria había recibido en sus criptas a la Ermitas de San José, los mortales despojos de Eugenio, Santa Cruz y Espejo, precursor de la libertad y por lo cual tanto sufrió.
Allí mismo, en una de esas catacumbas, permanecieron por algunos años, los restos del héroe de Pichincha, Abdón Calderón, los que más tarde fueron a parar a la Catedral de Guayaquil, seguramente llevados por el señor Francisco Javier Garaicoa, Primer Obispo de esa diócesis y tío carnal del héroe en donde fueron descubiertos el 2 de julio de 1948.
A El Tejar se recogió el señor José Ignacio Checa y Barba para prepararse para el martirio que le esperaba el 30 de marzo de 1877.
(José Emilio Herrera, presbítero)
| En esta zona se ubicaba la quebrada de El Tejar y el parque del Hermano Miguel. Ahora (2026) es un centro comercial del ahorro. Foto: Diego Bravo C. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario