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sábado, 12 de mayo de 2018

Niños y sus padres madrugan para tomar un turno en el Hospital Baca Ortiz


Conforme avanzaban los minutos, desde las 05:30 hasta las 06:00 de este miércoles, más gente arribaba al Hospital. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

Diego Bravo Carvajal


Decenas de niños y sus padres madrugaron este miércoles, 9 de mayo del 2018, para tomar un turno en el Hospital Baca Ortiz, en el centro-norte de Quito. Desde las 05:00 aproximadamente, ellos se agolparon en el ingreso de ese centro que da a la avenida Colón.


El termómetro marcaba 8 grados a esa hora. Los pequeños vestían chompas térmicas y gorros de lana. A los más pequeños les abrigaron con cobijas. En esos momentos se sentía el frío de la madrugada que era intenso. Esto por la lluvia que horas antes cayó sobre la ciudad. El hijo de Roxani, Edward, tiene leucemia desde hace dos años.


Ambos se despertaron a las 04:30 para salir temprano de su casa, ubicada en Chimbacalle, y acudir al centro. Llegaron a las 05:10 y estaban entre los primeros de la fila, integrada por unas 40 personas. “Venimos cada ocho días. Madrugamos porque se acumula mucha gente”.


Cuenta que los turnos se entregan a partir de las 06:30. Si llegan temprano –cuenta la mujer- Edward es atendido a las 07:00. Una realidad similar vive Rocío y su hija, Saraí, de 1 año y 8 meses. Hoy, ellas salieron a las 04:30 desde su casa en Calderón, extremo norte de Quito. Un vehículo les cobró USD 10 por transportarlas.


La niña padece insuficiencia suprarrenal desde que nació y el objetivo de la mamá es que la atiendan temprano para luego comprarle las medicinas. “Antes venía cada ocho días. Ahora es trimestralmente. Sería bueno que el hospital abra las puertas y no morirnos de frío, más que nada por los niños”, cuenta Rocío.


Conforme avanzaban los minutos, desde las 05:30 hasta las 06:00 de hoy, más gente arribaba al Hospital. Luis vino desde San Luis de Chillogallo, sur de la urbe, para conseguir un turno.


Su pequeño, de 7 años, tiene principios de hidrocefalia y utiliza una válvula. “Con mi esposa nos levantamos a las 04:30 para alistar a nuestro hijo y salir. Una vez al mes venimos y siempre nos encontramos con la misma realidad de esperar”.


También llegan pacientes de otras provincias, quienes hacen fila para tomar su turno. Juana y su hijo Mateo, de 4 años, viajaron desde Chambo, un cantón de la provincia del Chimborazo.


Ayer viajó a la capital para quedarse por la noche y madrugar. Llegó al Hospital Baca Ortiz, a las 05:30, para ubicarse en los primeros lugares de la fila. “No hay como madrugar con mi niño porque tiene leucemia y es más propenso a que se resfríe". Aseguró que la atención de los médicos es buena, pero hay inconvenientes cuando le toca esperar.


A veces, incluso bajo la lluvia hasta que las puertas del centro asistencial se abran a las 06:00. Víctor viajó desde Ambato para que su hijo, de 2 años y medio sea atendido. El niño tiene cáncer y ambos salieron a las 03:00 de su tierra para llegar a tiempo.


http://www.elcomercio.com/actualidad/ninos-padres-turno-hospital-bacaortiz.html

martes, 21 de noviembre de 2017

La realidad de los niños con cáncer en Ecuador

La cantidad de niños con cáncer registrada el año pasado escala nacional. Colectivo empuja un proyecto de ley para luchar contra el cáncer en el país. Desde el 2013, las cifras no han variado. Foto: Eduardo Terán/ archivo/ EL COMERCIO.
El cáncer afectó a 5 117 niños en el 2016

Diego Bravo Carvajal

 En el 2013 le detectaron un tumor en el brazo izquierdo. Alexandra enfrentó una metástasis, así que el cáncer se expandió al pulmón. Para extraerlo, los médicos le practicaron una cirugía en el tórax. La enfermedad avanzó con tanta agresividad que no resistió y falleció el año pasado, con apenas 11 años.

En algún momento del tratamiento, por falta de recursos económicos, la chica lo abandonó, recordó Wilson Merino Rivadeneira. Él es el coordinador de la iniciativa Acuerdo Nacional contra el Cáncer.

Zayda, de 13, perdió su pierna derecha. Sentía fuertes dolores y sus padres primero la llevaron con curanderos.  Cuando el malestar se agravó, ella pidió que le amputaran la extremidad. Su mamá no podía costear los gastos, así que dejó de acudir al oncólogo. También pesaron las distancias.

Ella es originaria de la comunidad Saraguro, ubicada a cuatro horas de Loja y no podía ir al especialista. No logró cumplir con la agenda de citas que le fijó su médico.

Según información levantada por la Fundación Cecilia Rivadeneira, en este año, a escala nacional, el 54% de infantes abandona los procedimientos médicos en algún momento. Las causas: problemas económicos, depresión y las distancias que deben recorrer para acudir a las consultas.

En el 2016 hubo 64 935 pacientes con neoplasias en el país, según el Intituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC). Las neoplasias malignas son cánceres. De ellos, 5 117 fueron chicos, desde recién nacidos hasta los 14 años. En el 2013 fueron 5 400 casos; 5 349 el 2014 y 4 975 afectados el 2015.

En todos estos años, la mayoría de infantes tuvo leucemia linfoide, cuyos síntomas son moretones, dolor de huesos, fiebre, infecciones frecuentes y sangrados de encías. A escala mundial, la situación es similar. Lo corrobora un estudio del Centro Internacional de Investigaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Indica que del 2001 al 2010, esta enfermedad fue 13% más común en los niños que en la década de los ochenta. La leucemia fue la más común en menores de 15, seguida por tumores del sistema nervioso central y los linfomas.

Fernando Checa es oncólogo del Hospital de los Valles de Quito. Asegura que es muy grave que los chicos abandonen los tratamientos, para retomarlos luego. Si se hacen pausas en la medicación para la leucemia, lo más probable es que esta se vuelva más resistente al reanudar los procedimientos.

En otros tipos de cáncer, los tumores pueden generar clones que son muy peligrosos. Ante ese panorama, el colectivo, que en redes sociales aparece como #AcuerdoContraElCáncer, acaba de entregar al Consejo Nacional Electoral (CNE) las 159 786 firmas que recolectó en el país (cuatro veces más de lo requerido).

El colectivo espera por la validación de las firmas para el proyecto de Ley Orgánica de Lucha Integral, como iniciativa ciudadana. Luego vendrá el trámite en la Asamblea. Uno de sus objetivos es generar políticas, para que los pacientes puedan asistir a las consultas.

En ese sentido en la normativa se plantea la creación de un Consejo Nacional de Lucha contra el problema, integrado por ocho instituciones públicas y la misma cantidad de privadas. Merino asegura que el Consejo se encargaría de trabajar en la ejecución de mecanismos lúdicos en los centros asistenciales.

Para que se permita tener clowns hospitalarios para pacientes oncológicos. Así se combatiría la depresión, como ya se hace en algunos casos. También piden la formulación de políticas de empleo solidario. Uno de los mayores problemas -recalca- es que las madres de estos chicos pierden sus trabajos por dedicarse a cuidarlos. Se necesita mayor flexibilidad laboral. Merino es coordinador de esa red, que suma a 18 organizaciones.

El acuerdo surgió hace dos años. Han tenido 39 encuentros territoriales, en los que han participado 9 000 pacientes y sus familiares. La prioridad es convertir a la iniciativa en un proyecto que se enfoque en políticas de prevención del cáncer.

Ayer, delegados de más de cien organizaciones de la sociedad civil se unieron al Acuerdo Nacional contra el Cáncer e intentan que la ciudadanía y las autoridades hagan conciencia. “Lo que no se previene hoy, no es gasto permanente para el Estado después”, repite Merino.

http://www.elcomercio.com/tendencias/cancer-ninos-ecuador-cifras-acuerdocontraelcancer.html

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Las amputaciones de pie por la diabetes

Los malos cuidados de la diabetes pueden desencadenar el pie diabético, con el riesgo de que los pacientes lo pierdan. En la gráfica, el endocrinólogo William Acosta atiende a un pacientes con diabetes. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO.

Por diabetes, pacientes pueden perder el pie



Diego Bravo Redactor (I) dbravo@elcomercio.com 


A Jorge Quishpe, de 63 años, le amputaron el pie izquierdo hace una década. Recuerda que su pie empezó a gangrenarse luego de pisar un clavo.

Él tiene diabetes desde 1994. Al principio sangró un poco, pero con el pasar de los días, esa parte comenzó a descomponerse y se hizo morada. La lesión empeoró y se trasladó a un hospital de la capital. Allí, los médicos le dijeron que tiene pie diabético y debían cortarlo. Ahora camina con la ayuda de una prótesis.

En esta semana se recuerda el Día Internacional de ese mal. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1,6 millones de muertes se produjeron por esta dolencia, a escala global, hasta el 2015. Además, en 1980 hubo 108 millones de pacientes. En el 2014 se reportaron 422 millones.

Ecuador no es ajeno a esa realidad. Según estadísticas del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), los decesos subieron en un 51% desde el 2007 hasta el 2016. Es decir, pasaron de 3 292 a 4 906 en 10 años.

Esta enfermedad causa otras complicaciones como lesiones en vasos sanguíneos y renales y ceguera. También pie diabético que, a veces, obliga a cercenarlo como consecuencia de una infección.

El Ministerio de Salud Pública (MSP) refiere que, en el país, la incidencia de amputaciones se sitúa entre 2,5 o 6 por cada 1 000 pacientes al año.

Según datos recopilados en los centros asistenciales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), 200 se reportaron en el 2015 y 182 en el 2016. Desde enero hasta septiembre de este año hubo 159.


Carlos Cadena es endocrinólogo y representante de la Clínica del Pie Diabético del Hospital Carlos Andrade Marín del IESS. Explica que mensualmente atiende unas ocho personas con ese problema.

Con base en datos de la Asociación Americana de Diabetes, él señala que cerca del 15% de personas sufrirá úlceras en el pie durante el transcurso de la enfermedad. Este problema se produce -asegura- por el mal control metabólico. A esto se suma que la gente no se cuida en la alimentación, abusa de los carbohidratos o consumen bebidas azucaradas en exceso.

Para William Acosta, líder de Endocrinología del Hospital Eugenio Espejo de Quito, esta “es una de las complicaciones más tristes porque es la más fácil de evitar”. Si un paciente con esa enfermedad se cuida el azúcar en la sangre no tendrá problemas en la extremidad.

En ese sentido, Romina Costa, responsable de la estrategia nacional de enfermedades crónicas no transmisibles del MSP, dice que el pie diabético se origina luego de cinco años de malos controles. Si alguien presenta lesiones, lo primero que debe hacer es acudir a un centro asistencial. También hay casos -dice Acosta-de gente a la que se le amputó solo una parte del pie.

Eso lo vivió Luis Granda, de 75 años, a quien le cortaron una parte del talón izquierdo. Comenzó a sentir dolor cuando salía a caminar. Luego, apareció una mancha marrón y cuando llegó al Hospital del IESS le detectaron la lesión. Su esposa, María Aguas, lo acompaña. Le limpia la herida y lleva al podólogo para que le corte las uñas y no se lastime.

También debe cuidarse de no contraer hongos. A Sonia Ponce, de 56, le extirparon dos dedos. Cuenta que uno de los zapatos especiales que se compró le lastimó. Ante ese tipo de situaciones -recomiendan los médicos- los pacientes deben usar medias blancas para detectar que se produjeron lesiones al caminar.

Esto porque se pierde sensibilidad. “Lo más común es gente que anda con tachuelas en los zapatos y no se da cuenta”, anota Acosta. En otros casos, contrajeron lesiones porque tenían pepas de ajonjolí en el calzado y las defensas estaban tan bajas que les produjeron heridas.

Cadena asegura que el 50% de los amputados corren el riesgo de perder el otro pie cinco años después de la primera cirugía. La razón: es más vulnerable a lesiones. 

Esa es la realidad de Quishpe. Tiene una artropatía de charcot, una deformidad severa causada por la fractura de la articulación del tobillo. Los médicos del IESS evalúan si deben cortarle el otro pie. 

El problema se produjo porque su pierna aguantó el peso de su cuerpo por años.




https://www.elcomercio.com/tendencias/diabetes-pacientes-pie-amputaciones-enfermedad.html




lunes, 23 de octubre de 2017

Los cuidados paliativos son claves en los pacientes terminales


En el Hospice San Camilo, ubicado en el norte de Quito, se brinda cuidados paliativos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.
 

El cuidado paliativo, un alivio emocional

Diego Bravo Carvajal.  (I)
dbravo@elcomercio.com

Los familiares de Doménica (nombre protegido), de 50 años, se negaron a aceptar que ella estaba en fase terminal por cáncer a las vías biliares. Le ayudaron para que visitara hospitales en Estados Unidos y acceda a la opinión de oncólogos de ese país. Pero la respuesta fue la misma: le quedaba poco tiempo de vida.

Acudió al Hospice San Camilo de la Fundación Ecuatoriana de Cuidados Paliativos (Fecupal), en el norte de Quito, en donde recibió terapias con medicinas para el control de síntomas y los dolores. Sus familiares también participaron de reuniones. Un equipo interdisciplinario trabajó con ellos en lo psicológico y espiritual, para sobrellevar el sufrimiento. Lo primordial era que los allegados envuelvan de amor a Doménica, pero también que acepten su muerte.

Así se busca la calidad de vida, en los últimos momentos que le quedan a una persona, y que tenga una muerte digna. Lo explica Alberto Redaelli, director de Fecupal. Desde hace 20 años, la entidad atendió a 18 000 pacientes. Tanto en visitas domiciliares como en el Hospice San Camilo.


Octubre es el mes internacional de los cuidados paliativos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que 40 millones de personas necesitan ese servicio, pero solo el 14% de quienes demandan esa asistencia la reciben. La mayoría de adultos que la necesitan tienen males crónicos cardiovasculares: 38,5 %.

Los de cáncer representan un 34 %. Los de problemas respiratorios, sida y diabetes alcanzan el 10,3%, 5,7% y 4,6%. En Ecuador, el Ministerio de Salud ha atendido a 5 975 personas desde el 2015 hasta el 2017. También reportó 106 muertes de quienes recibieron esos cuidados, este año. Esto dentro del Plan Nacional de Cuidados Paliativos, que cuenta con seis equipos de profesionales en el país.

A esto se suma la labor del Hospital del Adulto Mayor, en Quito, especializado en esta atención. También el Centro de Atención Integral para personas con Cáncer en la capital. Asimismo, un equipo de soporte mixto en los centros Francisco Icaza Bustamante y Abel Gilbert, en Guayaquil. Y los hospitales Eugenio Espejo de Quito y General de Macas.

Pacientes con otras afecciones pueden ser atendidos en esta línea. Por ejemplo, si padecen insuficiencia renal, enfermedades hepáticas crónicas, esclerosis múltiple, párkinson, artritis reumatoide, problemas neurológicos, etc. Incluso quienes no están en fase terminal, pero tuvieron accidentes y requieren atención especializada de ese tipo. Margarita, de 77 años, tuvo un derrame cerebral hace cuatro meses y hace fisioterapia para recuperarse en el Hospice San Camilo.

Aspira regresar a su casa en una semana. Lo mismo Enma Alarcón, quien se fracturó una pierna, la operaron y vivió cinco meses allí. Ellas siguen terapias con el auxiliar Cristian Inapanta, quien las ayuda a ir al baño y en lo emocional: no sufrir por la distancia con sus familiares por seguir los tratamientos. En el caso de las personas con enfermedades terminales se les brinda apoyo emocional y consejería.

Ayudarles a lidiar con la muerte y lo que esta conllevará para sus allegados. En ese sentido, el consejero debe crear un ambiente en el que el paciente se sienta cómodo para dialogar sobre sus preocupaciones. No hay que bombardearle con preguntas, tampoco darle lecciones de moral o sermones. Eso le provocaría inestabilidad en lo afectivo.

En algunos casos -indica Alicia Abad, asistente de psicología- los pacientes y sus familiares optan por la conspiración del silencio. Es decir, saben que su fin está cerca, pero prefieren no conocer sobre la enfermedad. “Se trabaja en el nombre que el paciente le pone a la afección que tiene”.

Así ocurrió con Isabel (nombre protegido), quien falleció hace un mes en el Hospice San Camilo. Tenía un tumor en el estómago que se hinchaba y ella le llamaba “la bolita”. Sus hijos sabían que tenía cáncer terminal, pero ella prefirió no enterarse. “Le decíamos que esa bolita no se iría, porque no tiene cura”.

https://www.elcomercio.com/tendencias/cuidado-paliativo-ecuador-enfermedadesterminales-salud.html

martes, 17 de octubre de 2017

La bipolaridad puede conllevar al suicidio

En el sector de Psiquiatría,del Hospital Pablo Arturo Suárez, norte de Quito,se atiende a pacientes con bipolaridad. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO 

Con fármacos y terapias se trata la bipolaridad
Diego Bravo Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com

Era estudiante de Administración de Empresas, pero se inscribió en la Facultad de Enfermería de la misma universidad. De forma simultánea, trató de seguir un curso de fotografía y hasta se ofreció como voluntario de un grupo religioso en el valle de Los Chillos.

Jorge (nombre protegido), de 27 años, pasaba la mayor parte del tiempo exaltado. No paraba de hablar. Sus allegados lo llevaron al Hospital Psiquiátrico San Lázaro, en el Centro de Quito.

Allí lo trató el psiquiatra Danny Zúñiga. Su conclusión fue que el estudiante tuvo una recaída en su cuadro de trastorno afectivo bipolar.

Esta semana se recuerda el Día Internacional de la Salud Mental y esa enfermedad es una de las que más preocupa a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Afecta a cerca de 60 millones de personas en el mundo, según el organismo.

Además, es la sexta causa de discapacidad a escala global, de acuerdo con información de la Red Informática de Medicina Avanzada que colabora con la Organización Panamericana de la Salud. La bipolaridad lleva al suicidio del 15% de los enfermos y es de difícil prescripción: pasan 16 años desde su desarrollo hasta que se diagnostica. Se caracteriza por una alternancia de episodios manía­co-depresivos y fases de estado de ánimo normal.

En las de manías o trastornos, el paciente presenta irritabilidad, hiperactividad, verborrea y autoestima elevada. Además, disminuye la necesidad de dormir. Los depresivos se vuelven perezosos, somnolientos y tienden al suicidio.

El mal se produce por una alteración bioquímica y estructural del cerebro. Es genético de tipo hereditario, según Patricia Paredes, psiquiatra del Hospital Pablo Arturo Suárez. En los tratamientos se usan medicamentos que estabilizan el estado de ánimo, frenan la exaltación y previenen las recaídas.

A esto se suma el apoyo psicosocial, por el que las familias y el afectado se informan sobre este mal, su manejo y el riesgo de descuidos en el suministro de medicinas. A escala nacional no existe una cifra sobre el número de personas con ese problema en el sistema público.

Pero el Ministerio de Salud (MSP) atendió a 245 188 con trastornos de salud mental, en el 2016. De esa cantidad, el 24,1% tenía trastornos neuróticos, 17,3% del humor (afectivos, a este corresponde la bipolaridad), 12% del comportamiento y emociones en la infancia y adolescencia, entre otros. Roberto Enríquez, de la Comisión de Salud Mental del Ministerio, afirma que los problemas de bipolaridad pueden repercutir en el ámbito laboral.

¿Cómo? Se presentan pensamientos negativos en los que el paciente cree que la gente es mala y busca hacerle daño. Ante eso, pueden darse reacciones agresivas en el trabajo. “Así se alimenta a la enfermedad”. Un caso es el de Ana (nombre protegido), de 35.

Perdió su puesto en un ‘call center’ porque tenía conflictos con sus compañeros. Era irritable y se deprimió porque no podía mantener a sus cuatro hijos. Hoy, su madre la apoya y sigue tratamientos con medicinas. Tiene tendencia suicida. Las conductas de riesgo en las que el afectado no está consciente de sus actos son muy peligrosas, advierte Paredes.

Por ejemplo, conducir vehículos en alta velocidad, practicar deportes extremos sin preparación y convertirse en gastadores compulsivos. Eso vivió un arquitecto que en una noche utilizó los USD 60 000, que le adelantaron para la construcción de unos departamentos en Quito. En el caso de Marcelo (nombre protegido), de 35, se gastó el dinero de las ventas de su almacén de ropa. De forma inconsciente también hizo negocios con desconocidos y les mostró sus tarjetas de crédito.

Este caso fue tratado por Paredes. Lo que ocurrió es que dejó las medicinas y tuvo una recaída. A esto se sumó que consumió bebidas alcohólicas. Zúñiga explica que otro de los problemas es que, al ser inconscientes de sus actos, los pacientes con bipolaridad desarrollan un instinto sexual que sobrepasa lo normal.

Un caso de ese tipo fue el de una mujer, de 34, quien buscó parejas ocasionales por Internet, para salir los sábados por la noche. Luego, al darse cuenta de lo que pasó, enfrentó intensas depresiones. En su consulta, Paredes atiende al mes a 150 personas con problemas de salud mental. De ellas, unas 13 tienen bipolaridad y la mayoría es de un nivel profesional elevado, como abogados o médicos.

 Es clave que el paciente-anota- acepte su condición para avanzar en los tratamientos. La familia debe entender la situación y los cambios de comportamiento deben ser tratados por especialistas. En ese sentido, el apoyo psicosocial es fundamental. La clave es que en las familias y los pacientes aprendan a convivir con el problema.

En contexto
Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. El objetivo es concienciar a la población sobre esas enfermedades. A escala nacional, el Ministerio de Salud cuenta con 471 centros encargados de atender estas afecciones.

https://www.elcomercio.com/tendencias/farmacos-terapias-bipolaridad-tratamiento-salud.html

jueves, 21 de septiembre de 2017

El rol de los cuidadores de los pacientes con alzhéimer

Personas con alzhéimer y sus familias estuvieron en la casa abierta de la Fundación TASE, en Quito, el fin de semana. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO



El cuidador, clave en paciente con alzhéimer

Diego Bravo Redactor (I)

El alzhéimer es una enfermedad que afecta a la memoria, al intelecto, al comportamiento y a la capacidad para realizar actividades cotidianas en adultos mayores. Tiene tres grados: leve, moderado y severo, los cuales necesitan diferentes tipos de cuidados.

Desde el 2016 hasta agosto del 2017 se han atendido 1 574 hombres y 2 889 mujeres por esta enfermedad en servicios del Ministerio de Salud.

María Soledad Chiriboga es geriatra del Hospital del Adulto Mayor, ubicado en San Carlos, en Quito. Ella reitera que los pacientes en etapa severa necesitan más cuidado que los de las dos fases anteriores.

Eso implica monitoreo las 24 horas, para evitar caídas, acompañamiento en el baño, alimentos blandos y suministro de medicinas, etc.

Bertha Medina tiene 83 años y está en el último grado de la enfermedad. No se ubica en el tiempo y espacio, presenta dificultad para identificar a la gente. Requiere ayuda permanente para su cuidado personal. Por las noches usa pañales.

Sus cuatro hijas se turnan para atenderla. “Una vez se cayó porque se tropezó con la alfombra. Se rompió la cabeza. No la dejamos sola”, cuenta Mónica Paredes, una de ellas. Lo mismo ocurre en el caso de Ramiro Mena, de 87. Sus hijas lo cuidan. No lo dejan solo porque podría perderse o encender la cocina y provocar un accidente. También sufrió una caída. Se quedó en el piso por varias horas, sin lograr comunicarse. Tras aquel incidente, ellas decidieron brindarle atención permanente.

El Día Internacional del Alzhéimer se recuerda hoy, 21 de septiembre. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia, en la que se incluye a este mal, afecta a unos 47 millones de personas en el planeta. De ellas, casi el 60% vive en países de ingresos bajos y medios.

Y cada año se reportan 9,9 millones casos nuevos. Se prevé que el total de afectados pase a 132 millones en el 2050. Para Walter Salvador, ellos serán quienes nacieron en 1980. Él dirige Trascender con Amor, Servicio y Excelencia (TASE), una fundación que apoya a personas con problemas de demencia.

El alzhéimer implica un alto costo económico y emocional para quienes se dedican a los cuidados: parientes o especialistas. Salvador calcula que los gastos mensuales de manutención por la enfermedad, en etapa severa, pueden alcanzar los USD 2 000 por persona.

Esto incluye medicinas, tratamientos y los salarios de las auxiliares enfermería, que se encargan de los cuidados durante las 24 horas en turnos rotativos. La OMS advierte que existe un “efecto abrumador” en los cuidadores de la gente que tiene la enfermedad.

Y ellos presentan presiones emocionales y hasta secuelas físicas. Martha Silva, de 51 años, es una auxiliar que labora desde el 2009 en un centro de ayuda para adultos mayores. Ella cuenta que ha tenido dolores en la espalda y los brazos.

Pero, a su juicio, el impacto emocional es más fuerte, para el cuidado. Se produce cuando se encariña con los pacientes y uno de ellos muere. Para evitar las lesiones, Chiriboga señala que en el Hospital del Adulto Mayor hay talleres para capacitar a familiares y cuidadores especializados.

Primero se ayuda de forma directa a los pacientes con grado leve, para que aprendan técnicas de estimulación cognitiva y fortalezcan la memoria. El fin es evitar que pierdan la independencia y puedan desarrollar sus actividades.

En casos moderados se incorpora a los familiares. Les enseñan los cuidados y educan en el manejo psicológico de los síntomas conductuales. También, cómo evitar la postración por la enfermedad. Finalmente, intervienen los terapeutas de lenguaje y respiratorios. Enseñan a los parientes los diferentes tipos de alimentación para evitar atragantamientos y las neumonías por broncoaspiración.

A esas capacitaciones acude Paredes para ayudar a su madre Bertha. Allí aprendió a moverla porque el cuerpo de las personas con alzhéimer se vuelve rígido. Además, le enseñaron a evitar dejar objetos con los que la señora pueda tropezar y tener accidentes.