martes, 18 de abril de 2017

Con música y arte se mejora en la escuela

El pedagogo Carlos Echeverría trabaja con un estudiante, de 10 años, que acude a musicoterapia con sus padres. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO




Diego Bravo Redactor (I) 
dbravo@elcomercio.com 

Un padre y su hijo cierran los ojos mientras escuchan música clásica. Así se embarcan en un viaje. El terapeuta les pide que se imaginen que son dos colibríes que vuelan juntos hasta llegar a un campo de flores. De pronto, el pájaro más pequeño se pierde y el otro debe encontrarlo. Mientras lo busca, ambos evocan los momentos que ocasionaron dificultades y buscan soluciones...

Es el método de Imagen Guiada con Música (musicoterapia) que emplea el pedagogo Carlos Echeverría, del Centro de Terapia Familiar Cumbayá, para ayudar a niños y adolescentes que requieren tratamientos para mejorar el rendimiento académico. También su comportamiento en los planteles y la casa. A través de esta técnica, se busca que el estudiante desarrolle autodisciplina.

Este tratamiento se acompaña con las charlas psicológicas de otro especialista, José Torres, quien dialoga con los padres y les ayuda a detectar los problemas que afectan al pequeño. La idea es que logren llegar a compromisos. Y que pese a las diferencias, haya armonía entre los padres. Esta es una de las opciones a las que recurren las familias, cuando han transcurrido casi dos meses desde que 2 millones de alumnos comenzaron el segundo quimestre en el régimen Sierra y Amazonía.

En esta etapa del año lectivo, en los establecimientos se han detectado las dificultades de alumnos con notas inferiores al promedio mínimo (7 sobre 10). Y que corren el riesgo de quedarse a supletorios, que se rendirán a finales de julio. La ISM Academy tiene 1 600 alumnos. De ellos, 750 pertenecen a la primaria. En el primer ciclo de este año, el 7,71% obtuvo un promedio inferior a 7,5 sobre 10. El 3,66% debe mejorar su comportamiento. Jenny Vinueza dirige ese centro y señala que si los padres lo aceptan, se coordina entre sus psicólogos y terapistas externos, para buscar soluciones.

Otra opción para mejorar el comportamiento y rendimiento es la arteterapia.

Carolina Lanas emplea esa técnica en el centro que dirige y lleva su nombre en Quito. Este modelo permite desarrollar motricidad, lenguaje, atención y concentración y contribuye en lo emocional.

Los niños dibujan y hacen figuras en una caja de arena, para expresar lo que les pasa. Ella evalúa lo que crearon y hace un diagnóstico. A partir de marzo, cuando comienza el segundo quimestre –explica la profesional– se entregan calificaciones y los establecimientos piden asesoría a los centros de terapias. “Normalmente los niños tienen ansiedad por las situaciones que viven en su entorno”.

 Ella atiende un promedio de 30 pacientes semanales que suman unos 120 al mes. El 90% tiene problemas académicos y socioemocionales por el estilo de crianza. No se logra el balance entre amabilidad y firmeza con los niños, existe violencia que trae consecuencias biológicas y emocionales. También influye la ausencia de los padres y de otros parientes. Así lo vive Mateo (nombre protegido), de 8 años. En las sesiones de terapia dibujó una botella en la que guardaba el dolor acumulado tras la muerte de su abuelo. Eso se refleja en su rendimiento académico. En otro caso, Valentina -de la misma edad- no podía dormir sola y así bloqueó su capacidad de aprender. Las historias son diversas entre quienes llegan a las sesiones de musicote­rapia y las charlas. Torres atiende unos 200 pacientes cada mes y el 70% corresponde a niños con “crisis de escolaridad o mal comportamiento”.

Según Ligia Herrera, coordinadora de Consejería Estudiantil del Manuela Cañizares, en estos días los padres de jóvenes con bajo aprovechamiento y problemas de conducta acuden a ellos. Les recomienda deportes, eso les permite canalizar sus energías. Esto les ha dado resultados positivos. Un joven de noveno de Básica, por ejemplo, era maltratado por su padre.

A través del deporte recuperó su autoestima, el papá ha puesto de parte y está en terapia. 


 

Carolina Lanas emplea el método de arteterapia, para mejorar la concentración, el lenguaje y la motricidad fina. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO
  

lunes, 17 de abril de 2017

La hemofilia puede causar discapacidad



SaludPacientes con la enfermedad, que afecta a uno entre 10 000, recuerdan hoy su Día 




Diego Bravo C. (I)


Los moretones aparecieron en las rodillas y codos del bebé cuando comenzó a gatear. Sus padres estaban desesperados porque el niño no se cayó, tampoco se había golpeado. Solo aparecían hematomas y no se explicaban lo que sucedía.

Más hematomas se producían debajo de las axilas cuando lo levantaban para jugar. Era 1982 y poco se conocía en el país sobre los síntomas que presentan los niños con hemofilia, alteración en la coagulación de la sangre causada por un defecto genético.

Esta provoca sangrados incontrolados (externos o internos), que pueden darse de forma espontánea luego de golpes incluso leves.La enfermedad se clasifica en: A, B y Von Willebrand, que se presentan a su vez en grados leve, moderado y grave.

No existe un tratamiento curativo. Solo puede corregirse, cuando al paciente se le administran las proteínas de coagulación faltante por vía intravenosa: factor VIII y IX.  

Un médico alemán que visitó Quito, en 1982, detectó el problema que afectaba al niño y comenzaron los tratamientos. Han pasado 35 años y ese bebé es Xavier Córdova, quien hoy preside la Fundación Hemofílica Ecuatoriana (Fundhec) con 634 agremiados.

Ellos recuerdan hoy el Día Internacional de la enfermedad que enfrentan. Hasta diciembre del 2016, en Ecuador, se reportaron 585 pacientes con hemofilia tipo A; 84, del tipo B, y 89, con la enfermedad de Von Willebrand. 5 viven con la deficiencia de factor XII. La Federación Mundial de la Hemofilia, reconocida por la OMS, señala que una de cada 10 000 personas nace con este mal en el mundo.

Los tratamientos son costosos en la consulta privada. Nicolás Jara, hematólogo y catedrático de la U. Internacional, dice que pueden alcanzar hasta USD 1 500. Las  dosis se pueden requerir una vez al mes. 

En 16 hospitales y centros de salud públicos se proporciona gratuitamente la medicina a los pacientes, en el país.

Estos tratamientos son profilácticos, es decir previenen de enfermedades. La terapia consiste en el suministro del factor VIII de forma periódica, según el grado de la hemofilia. También se aplica en caso de accidentes, de emergencia. El sangrado repentino puede dañar cartílagos y huesos, causando artritis crónica e incapacidad.

Según la Cartera de Salud, USD 21,2 millones se han invertido en medicina antihemofílica del 2014 al 2016.Para tratar este problema -añade Jara- se necesita de un equipo interdisciplinario de fisioterapistas, traumatólogos, psicólogos y dentistas que se encargan de monitorear el impacto de la enfermedad. 

Salomé Lanchimba es una odontóloga que trabajó como voluntaria en Fundhec. Dice que cuando alguien sufre la enfermedad del tipo leve, solo se presiona despacio la encía hasta que pare el sangrado. Si es grave -detalla- se le aconseja ir a un centro asistencial para que lo evalúe un especialista y le suministre factor VIII. 

Recomienda a quien lo visita que mantenga una higiene bucal adecuada y que se realice chequeos semestrales de la dentadura para evitar lesiones.

María Eugenia López es hematóloga del Hospital de Calderón, en el norte de Quito. Indica que cuando es el padre quien tiene la enfermedad, sus hijos varones no la contraerán. Sin embargo, si tiene hijas, ellas serán portadoras del gen y podrían transmitirlo a sus descendientes (nietos), las posibilidades son del 50%. Es una enfermedad hereditaria, la transmiten las mujeres.

Con ese antecedente, Córdova y su esposa, que tienen un niño de 12 años,  han decidido no tener más familia. Otra es la historia de Alejandro Correa, de 32 años, un paciente hemofílico que tiene una hija de 1 año y dos meses. A él le preocupa que sus nietos hereden el mal. Le enseñará a su pequeña sobre los riesgos, por la probabilidad de que, a futuro, cuando sea madre, sus hijos tengan hemofilia. “Debo prepararla, poco a poco”, dice.

Ambos se reúnen en las oficinas de Fundhec. Con la información de sus agremiados, en la entidad se determinó que el 99% de ellos tiene discapacidad generada por la hemofilia. 

Córdova usa un bastón, ya que se lesionó la rodilla en 1998. Al caer de la bicicleta, su articulación se destruyó. 

En Fundhec también hay casos de niños que han sufrido secuelas de la enfermedad. Ariel, de 12 años, padece Von Willebrand, lo cual le ha generado problemas de retraso óseo y su cuerpo luce como el de alguien de 8 años. A esto se suma que ha tenido heridas internas por las que ha expulsado sangre. Su padre, Bernardo Castañeda, recuerda que una vez en la escuela le golpearon con un balón en el abdomen y tuvieron que  hospitalizarlo. 

Ante esos casos, a los niños con hemofilia se les debe prestar mayor atención. Como todos son traviesos, juegan, corren y por eso son proclives a las lesiones. Lo recomendable es que no practiquen deportes de contacto. 

Los médicos reconocen que si la hemofilia se trata a tiempo, esta no produce muerte. Por esta causa, el Ministerio y el INEC registraron 19 fallecidos en el 2014 y la misma cantidad en el 2015.

miércoles, 12 de abril de 2017

La oferta de carreras se amplía y se potencia en universidades públicas

En Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Central se cuenta con una clínica, en donde se atiende a las mascotas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

12 de abril del 2017
Diego Bravo Redactor (I)

Haciendas productoras de lácteos, fábricas de balanceado o industrias de carne con máquinas de faenamiento. Esos son los espacios en donde un médico veterinario puede ejercer y ampliar su campo laboral tras finalizar sus estudios. No solo dedicarse a tratar las dolencias de animales domésticos en pequeños sitios.

Profesionales independientes que visitan granjas ganan entre USD 120 y 200 diarios. En un centro avícola, un veterinario de planta recibe entre USD 1 500 o 2 000 al mes, incluso más si tiene otras responsabilidades. El salario de un nutricionista de animales en una planta de alimentos balanceados sobrepasa los USD 3 000.

Lo detalla Eduardo Aragón, decano de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Central, basado en información levantada de los estudiantes que se graduaron allí. Hasta el próximo sábado 15 continuarán las postulaciones para cupos en las universidades públicas del país, que empezó el 5. Veterinaria es una de las 1 479 alternativas y no tiene alta demanda como Medicina, Derecho o Administración de Empresas. Disponen de 60 cupos para el próximo curso de nivelación -explica Aragón- y hay un amplio espacio laboral. ​

De las industrias productoras de alimentos, cuenta el Decano, siempre nos piden profesionales para que trabajen en sus plantas de procesamiento. ​ Los alumnos que estudian la carrera coinciden con él. Abigaíl Navarrete, de 21 años, cursa primer nivel. Le gusta la clase de fisiología, en la que estudia el funcionamiento del cuerpo de los seres vivos. ​ “Es difícil y mucha gente se ha retirado”, admite. Está decidida a graduarse y luego buscar trabajo en la industria de producción equina (caballos) o con animales silvestres. ​

 También hay otras opciones como Ingeniería Agronómica, en la que se ofertan 80 cupos para los cursos de nivelación. El decano Antonio Gaybor manifiesta que como parte de las innovaciones se han modificado las mallas curriculares para mejorar la educación. Sumaron materias nuevas como ecología, sistemas de producción o agricultura alternativa.

Se eliminaron otras como construcciones rurales. ​ El campo de trabajo se desarrolla en la producción de flores, palma africana y frutas tropicales para la exportación. Destaca que si alguien aplica en los proyectos del sector público puede ganar USD 1 200. Para Carlos Cordero, catedrático de economía y exrector de la Universidad del Azuay, ahora se requiere promocionar el panorama laboral de otras profesiones, para que los bachilleres no se inclinen a ramas tradicionales. ​

Lo que ocurre, apunta, es que los bachilleres en la actualidad no confían en otras carreras y por eso continúan orientándose a Medicina, Administración de Empresas o Abogacía. En la U. Central hay más opciones como la de Atención Prehospitalaria y Emergencias, que oferta 50 plazas para el propedéutico. Los forman para colaborar en rescates cuando se presentan desastres naturales o accidentes; 360 personas estudiaron allí el semestre pasado.

En otros centros superiores se busca repotenciar facultades y abrir nuevas opciones. Fernando Sandoya, vicerrector de Formación Académica y Profesional de la Universidad Estatal de Guayaquil, comenta que apuntan a que, en un plazo de dos años, se implementen las profesiones de mecatrónica, ingeniería de materiales, logística y telemedicina, agroindustrial. “Previamente hacemos el análisis de pertinencia y calidad para reclutar profesores expertos en estos campos y que estas carreras sean las del futuro, no pasajeras”.

Otras carreras en la U. Estatal se potencian con la actualización de las mallas curriculares, de acuerdo con las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Sandoya anota el caso de Arquitectura, en donde se implementó el uso de impresiones con tecnología 3D en varias materias. En la Escuela Politécnica del Litoral (Espol) hay un menú nuevo para los bachilleres. Arqueología, Mecatrónica, Materiales, Matemática, Tecnologías de la Información y Diseño de Producto funcionarán desde el próximo mes.

Dalton Noboa, director de Admisiones, dice que con ellas se busca ampliar el abanico para los 220 alumnos que ingresan al curso de nivelación. Los interesados en postular deben visitar este portal web. Los jóvenes, con la nota del Ser Bachiller, pueden escoger la carrera y la universidad en donde desean ser admitidos. Y postular vía Internet.

https://www.elcomercio.com/tendencias/oferta-carreras-educacionsuperior-universidadespublicas-campolaboral.html

sábado, 1 de abril de 2017

En Dicaro se lucha por mantener la tradición

Awanca Caiga es uno de los ancianos de Dicaro que conoce la historia de su pueblo y conserva las tradiciones ancestrales. Foto: Galo Paguay /  El Comercio
- Esta es una de las coberturas más especiales que he vivido por las distancias y el contexto de violencia que se generó entre grupos no contactados y los waorani, en el 2014. Llegar a la comunidad waorani y conocer la historia de Dicaro, un poblado ubicado en medio de plantas petroleras, a más de seis horas de El Coca, capital de la provincia de Orellana, me mostró cómo la globalización ha llegado hasta lugares considerados recónditos. Allí, es común ver a jóvenes waorani vistiendo ropa de marcas transnacionales y conectados a Facebook. Eso mezclado con sus tradiciones: la chicha de yuca, las lanzas de colores y la comida tradicional. Una lectura 100% recomendable.



 20 de septiembre de 2014
Diego Bravo C.
Redactor dbravo@elcomercio.com (I)

Los guerreros waorani se alistan para la cacería. Preparan tres lanzas de madera que miden 3 metros y medio de largo cada una y cerbatanas hechas de pambil. Afilan finísimos dardos envenenados en las puntas, que guardan dentro de una caña guadúa negra. Su objetivo es matar monos, sajinos, guantas y huanganas para que sus esposas e hijos se alimenten.

Las armas son conservadas por los ancianos y otros waorani de Dicaro, ubicada en plena selva amazónica ecuatoriana, a seis horas de El Coca, capital de Orellana. El lugar está dentro del campo petrolero adjudicado a la compañía Repsol YPF. De allí provienen los cinco indígenas detenidos hace 10 meses por la masacre a un clan taromenane en marzo del 2013 (en total eran 17 procesados). La historia de ese lugar vive en las mentes de Cabari Tocari, Guewa Wareca, Awanca Caiga Meñewa Boya y Yatora Omaca, quienes son los más longevos.

Nadie conoce con certeza cuántos años tienen ellos, pero su promedio aproximado de edad es de 83 años. Es la primera vez que permiten el acceso a su pueblo luego de que el ingreso fuera restringido tras la tragedia de marzo del año pasado. En sus onkos (casas tradicionales), junto a sus hamacas, tienen hasta cuatro lanzas para protegerse. Su grosor es como el de tres dedos pulgares juntos.

Tipaa Baiwua es esposa de Meñewa Boya, uno de los ancianos de Dicaro. Asa dos cabezas de sajino en una parrilla. Foto: Galo Paguay / El Comercio
Se sienten guerreros y fuertes, pues crecieron en la selva y su vida fue dedicada a la caza, pesca y agricultura en chacras. En sus casas de piso de tierra con techo de hojas de pambil, tienen un fogón con una parrilla para preparar la comida. Allí, cabezas de sajinos y canastos con frutas cuelgan de piolas como despensa de alimentos.

Su forma de cocinar cambió. Hace 40 años, ellos solo hervían la carne en agua para comer. Ahora usan aliños, aceite. Al jaguar lo respetan. Es considerado su animal sagrado y nunca lo cazan. Los viejos cuentan que los waorani descienden de la unión de este felino con un águila.

El sajino es emblemático como fuente de fuerza para vivir en la selva. Es parte de su alimentación cotidiana y el sabor de su carne se parece al del cerdo que se consume en las ciudades. Awanca y su esposa, Yatora, estuvieron en la fiesta ancestral de bienvenida para los cinco indígenas. Desde los parlantes de un viejo discomóvil, sonaban las canciones de Gerardo Morán a todo volumen y la gente de Dicaro tomaba cerveza o chicha de yuca.

El sonido ensordecedor de la música no impidió que contara su historia. “Ella es de la última familia de los tagaeri. Puede ser tío o hermanos. Son gente bravos”, cuenta el traductor que habla con Yatora que solamente se expresa en su idioma nativo wao tedeno. Cuando tenía 8 años -dice- se la llevaron en un combate con los waorani y de joven se casó con Awanca.

Para las batallas o ataques contra los taromenane colocan sobre sus armas una pluma roja que significa la vida y el presente. “Para matar gente tienen una pluma de águila, un pelo de guangana y una de papagayo rojo que identifica el sangre brota”, traduce el wao Nikimo tras escuchar el relato de su padre, Meñewa Boya.

Los cinco ancianos tienen grandes perforaciones en los oídos, las cuales los identifican como los mejores guerreros. Ya no andan desnudos en la selva como hace 30 años; ahora llevan pantalonetas de marcas como Adidas o Nike. Las mujeres utilizan ropa interior.

Mega Baiwa viste gorra y camisetas de fútbol. En Dicaro lo conocen como el mayor fabricante de cerbatanas para la cacería. Con la ayuda de otro traductor, explica que en las nuevas generaciones se pierden las tradiciones wao. Antes de la llegada de las petroleras, la vida era más tranquila, pero ya se ha acostumbrado al ruido y a la presencia de vehículos. Cuenta que antes la caza y pesca era abundantes, pero ahora han mermado.

Dicaro significa –según relatan los ancianos de la comunidad- río de piedras y fue fundada en 1992 por los indígenas que vivían en esa zona luego de que una petrolera estadounidense se instalara allí. Al principio vivían en onkos de madera y pambil levantados en medio de frondosos árboles que medían hasta 40 metros. Pero, con la ayuda de las petroleras introdujeron en volquetas cemento, ripio y otros materiales para la construcción de sus viviendas. Otros se quedaron con sus casas tradicionales.

Al contrario de sus abuelos que recuerdan las épocas de caza y pesca, los jóvenes de la comunidad ahora prefieren hacerse fotos con sus celulares para luego colgarlas en Facebook cuando utilizan el servicio de Internet de la escuela.

También llevan peinados modernos y algunos no saben cazar. Para los longevos, sus pasiones son seguir preparando las lanzas y afilando dardos...

Las mujeres y niñas del pueblo se pintaron la cara para dar la bienvenida a los waorani que estuvieron detenidos. Foto: Galo Paguay /El Comercio

http://www.elcomercio.com/actualidad/dicaro-mantener-tradicion-indigena-waoranis.html