viernes, 5 de octubre de 2018

Hombres cuentan cómo descubrieron que no son padres biológicos de sus hijos

Las impugnaciones de paternidad no son aisladas en Ecuador. El Consejo de la Judicatura documenta 12 371 causas resueltas a escala nacional entre el 2013 y el 2017; Guayas y Pichincha son las provincias con mayor número de casos. En el mismo período hubo 933 casos de reconocimiento voluntario del menor. Para recurrir a las dos figuras, miles de papás, mamás y sus hijos se sometieron a pruebas de ADN.

Las siguientes son historias de impugnación de paternidad:

 Con su mano derecha, Christian Enríquez, de 38 años, muestra en la pantalla de su computadora el mail que le envió su exesposa, Ximena. Le decía que, pese a los problemas que afrontaron durante su matrimonio, Dios les bendijo porque estaba embarazada. Quería que cambien las cosas y mejoren su relación por el bien del bebé, quien nació en abril del 2011 y lo llamaron Mateo.

Su vida cambió junto al pequeño. Publicaba sus fotografías en redes sociales. Le enseñó a montar bicicleta. Le compraba camisetas de fútbol. Lo llevaba al estadio Olímpico Atahualpa para ver los partidos de su equipo preferido, El Nacional. Se tatuó el nombre de Mateo en el brazo derecho para llevarlo en la piel…

¿Qué ocurrió después? La pareja se separó en el 2014. Christian visitaba a Mateo cada 15 días como lo estableció el Juzgado de la Niñez y Adolescencia. Sin embargo, él notó que las cosas no iban bien. El mismo infante empezó a mencionar que Enríquez no era su padre. Lo había escuchado decir de su madre y su abuela en repetidas ocasiones mientras conversaban.

Esa situación lo desesperó. No podía dormir ante lo que ocurría. Por eso, en diciembre del 2017, Enríquez planteó una demanda de impugnación de paternidad, la cual fue calificada en la Justicia. Tras las pruebas de ADN realizadas en la Cruz Roja se confirmó que no era el padre biológico de Mateo.

La impugnación de la paternidad es un proceso que se realiza cuando un hombre tiene indicios de que no es el padre biológico de su hijo. Según el artículo 233 del Código Civil, esta acción puede ser ejercida por el padre cuyo hijo nació dentro del matrimonio y sospeche que no es suyo (también se aplica para las uniones de hecho). De igual forma, quienes se pretendan verdaderos papás, los hijos y los que constan legalmente registrados como padres y cuya filiación se impugna.


Datos del Consejo de la Judicatura refieren que 12 371 causas resueltas por impugnación de paternidad se registraron a escala nacional desde el 2013 hasta el año pasado.


La entidad no precisa el número de casos cuyos fallos resultaron a favor o en contra de quienes impugnaron. Tampoco especifica el tipo de caso. Es decir, si un padre biológico impugnó la paternidad de su hijo. O si un mayor de edad lo hizo al enterarse quién es su verdadero padre. Tampoco si alguien reconoció legalmente a un infante y luego se enteró, tras la prueba de ADN, que no era el papá.


Las provincias con mayor cantidad de casos fueron Guayas y Pichincha con 1 915 y 1 964. Le siguen Azuay, Chimborazo y Manabí con 840, 819 y 838 respectivamente (ver cuadro adjunto de cifras).


Pero, ¿es posible quitarle el apellido al enterarse que no es el papá biológico del niño? En la Resolución No. 0167-2014, dictada en el juicio 0095-2014, del 19 de agosto de 2014, la Sala de la Familia, Niñez y Adolescencia de la Corte Nacional de Justicia, falló: No procede la acción de impugnación de reconocimiento voluntario de la paternidad o maternidad realizado por quien asumió la calidad legal de padre o madre, conociendo que el hijo no era biológicamente suyo.


En ese contexto, Patricio Gualotuña, juez de la Niñez y Adolescencia, explica que esa disposición se aplica en los casos de hombres que reconocen a los hijos de sus parejas conociendo que son de otras personas. Una vez que lo hicieron es imposible hacerse para atrás. “Muchas veces ocurre así”. Asimismo, hubo abuelos que reconocieron voluntariamente a sus nietos como hijos. Luego, al tener problemas familiares, ya no pueden impugnar porque lo hicieron de forma voluntaria. “Se les ha negado porque es ilógico”.


De otro lado, con la resolución No. 05-2014 (R.O. 346, 2.10.2014) de la CNJ se emitió un fallo de triple reiteración, de cumplimiento obligatorio. Este dice que el reconocimiento voluntario de un hijo o hija es un acto irrevocable. El legitimado activo del juicio de impugnación de reconocimiento es el hijo o cualquier persona que demuestre interés en ello, “excepto el reconociente, quien solo puede impugnar el acto del reconocimiento por vía de nulidad del acto”. Esa nulidad se aplica cuando se comprobó que hubo inducción al error, dolo y fuerza.


En el caso de Enríquez, su abogado demostró que hubo inducción al error. Lo hizo con los correos electrónicos de Ximena en los que le dijo que esperaba un bebé de él. A esto se sumó la prueba de ADN que fue certificada por una analista molecular de Cruz Roja.


Con esas evidencias, la demanda fue calificada a inicios de este año. La mujer buscó que se realice otro examen de ADN, lo cual le negó el juez. En la audiencia realizada en agosto de este año se exhibió nuevamente las pruebas que “excluyen la existencia de vinculo biológico de paternidad” entre Enríquez y Mateo. Finalmente, ella y su defensa se allanaron a la demanda. Así se declaró que Enríquez no es el padre biológico de Mateo y en lo posterior él constará como padre desconocido.


Él estaba aniquilado emocionalmente. Incluso acudió al psicólogo en búsqueda de ayuda. “No fui a la oficina, salí de mí mismo, era un zombie. Lloraba demasiado. En su trabajo lo entendieron y ayudaron para que salga de vacaciones. No laboró durante dos meses. En ese tiempo, no mantuvo contacto con sus amigos, tampoco con sus familiares. Ahora, lo único que busca es rehacer su vida con su novia. “Al niño lo amo, pero no es justo…”.



Y hay más historias que también se cuentan en los pasillos de los centros en donde se realizan pruebas de ADN. Emilia Vaca es la subgerente de Servilab, una cadena de laboratorios que se dedica a esa actividad en Quito. Mensualmente se realiza allí un promedio de 100 pruebas de ADN. De ellas, el 75% corresponden a hombres y el resto a mujeres.


Cuenta que los varones acuden a ese sitio generalmente por celos. Otros porque sus nuevas parejas les incitan a que se practiquen las pruebas. En los casos de las chicas, algunas lo hacen porque dudan sobre quién es el verdadero papá de sus hijos o porque los padres biológicos no quieren reconocerlos.


Recuerda que un hombre acudió con su hijo, de 9 años, para retirar los resultados de las pruebas de ADN que se hizo. Era un domingo de ciclopaseo y ambos planificaron salir a pedalear durante la mañana. Tras ingresar al edificio, el niño lo esperó afuera con las bicicletas. Al conocer que los resultados fueron negativos, él lloró desconsoladamente. “El chico está afuera porque salimos a pasear ¿Qué le digo ahora? ¿No sé qué hacer?”, expresó mientras sollozaba.


Una situación similar vivió Jorge Torres, de 42 años, en el 2013. Cuando su niña cumplió 9 se enteró que no era su progenitor. Su vida se derrumbó y comenzó a beber licor descontroladamente. Trató de conversar con la mamá, pero ella le dijo que no quería su ayuda y que deje de pagar las pensiones alimenticias, que le iba a devolver hasta el último centavo.

Ellos tuvieron una relación amorosa por varios años y la pequeña nació luego de que se separaron. Él la reconoció y la mamá le pidió USD 1 500 como pensión alimenticia. En esos momentos tuvieron problemas y la justicia, con base en los ingresos de Torres, la fijó en USD 490. Ante los inconvenientes, sus allegados le recomendaron someterse al examen de ADN.


Tras conocer los resultados negativos, él impugnó la paternidad y, desde el 2013, la niña ya no tiene su apellido, tampoco recibe la pensión. Ahora ella tiene 16 años y vive con su mamá.


Él se fue a vivir en Europa para recuperarse emocionalmente. “Me fui porque no me hallaba. Apareció la oportunidad de estudiar y trabajar en otro continente y voy dos años acá”. No tiene más hijos, pues siempre se enfocó en la pequeña con la que tenía una relación de paternidad. Trató de rehacer su vida con otra chica, pero sus problemas eran tan fuertes que se separaron.


Ahora, él demandó a la mamá por daño moral y espera la resolución del juez con una indemnización de USD 50 000. Lo hizo con base en el artículo 242 del Código Civil: “Durante el juicio se presumirá que el hijo lo es del marido, y será mantenido y tratado como tal. Pero una vez que se declare judicialmente que el marido no es el padre, tendrá derecho el marido y cualquier otro reclamante a que la madre les indemnice de todo perjuicio que la pretendida paternidad les haya causado”.


Lo mismo hará Enríquez. En el transcurso de esta semana, él y su abogado alistan una demanda en contra de Ximena. En ambos casos, con sentencias a su favor, argumentan que se afectó su voluntariedad con la inducción al engaño.


Gualotuña explica que cada vez es más frecuente que se presenten casos de impugnación de paternidad y la nulidad. A su juicio, los problemas se derivan de lo económico. “Se pide la impugnación porque hay demanda de alimentos”. En otros casos –añade el juez– las impugnaciones se producen por herencias y se apoyan en el inciso cuarto del artículo 233. “Las personas a quienes la paternidad o maternidad impugnable perjudique en sus derechos sobre la sucesión de los que constan legalmente como padre o madre”.

Impugnación de reconocimiento

El Consejo de la Judicatura refiere que 933 causas resueltas por reconocimiento voluntario del menor se han reportado en el país. Las provincias con mayor índice son Tungurahua y Pichincha con 142 y 133. Le sigue Manabí con 119 (ver cuadro).

Nelson Cabezas es un abogado que ha manejado 22 casos de ese tipo. Explica que en esta figura se aplica el artículo 250 del Código Civil. Es decir, pueden hacerlo el hijo y cualquier persona que tiene interés en ello. Asimismo, el reconociente podrá impugnar por vía de nulidad y demostrar que hubo inducción al error, fuerza y dolo.

Así ocurrió con William Cusme al descubrir que no era el papá de su hija, hoy de 5 años. Cuando la pequeña nació, la madre le dijo que era su hija y él la inscribió en el Registro Civil. Tras enterarse que no era el padre verdadero, él presentó la impugnación de reconocimiento.

Argumentó que le indujeron a error al mentirle que era su niña y que la reconozca. Finalmente, el año pasado, el juez declaró la nulidad absoluta del acto de reconocimiento. "Por lo que llevará los apellidos de su madre, debiendo marginarse en este sentido la partida de nacimiento", señala el fallo. Ejecutoriada la sentencia, esta fue inscrita en el Registro Civil.


En otro caso, Myriam Jácome aceptó que su exconviviente, Luis Pérez, no era el progenitor de su hija, de 11 años. Al principio, el hombre presentó la impugnación de reconocimiento y argumentó que también le mintieron diciéndole que era el padre. Luego ella admitió que no era así y se allanó en una audiencia de conciliación. Con ello, se dejó sin efecto el reconocimiento del papá de la menor en la partida de nacimiento. A cambio, él no presentó demanda en contra de su expareja por daños y perjuicios.


En los juzgados de la Niñez y Adolescencia se tratan los casos de impugnación de paternidad.

sábado, 16 de junio de 2018

El puente amarillo que se observa desde el mirador de El Panecillo


El puente de La Luna se ubica en el barrio de San Juan, en el Centro Histórico de Quito, sobre la quebrada denominada la Chilena. La inversión para los trabajos de mantenimiento y rehabilitación de esta obra ascendieron a USD 23 000, el año pasado.


Por Diego Bravo Carvajal

Cada vez que alguien visita la loma de El Panecillo y observa la ciudad desde el mirador se pregunta: 

¿Cuál es ese puente amarillo que se encuentra más arriba de la Plaza de la Independencia? 

¿Cómo se llama?

¿En qué barrio se encuentra? 

¿Cuál es el nombre de la quebrada que se encuentra bajo ese puente? 

¿Es peatonal o carrozable? 

Se llama el puente de La Luna, que conecta los dos lados de la quebrada denominada La Chilena, en el barrio de San Juan. Es de paso obligatorio para quienes se movilizan desde el Centro Histórico con dirección al coliseo de San Juan o al restaurante El Ventanal, ubicado en las calles José Monroy, Tapi y Juan Martínez. 

A mediados del año pasado entró en una fase de  mantenimiento, cuya inversión ascendió a USD 23 000. Obreros lo pintaron y rehabilitaron las barandas y graderíos. El piso es de madera, el resto de la infraestructura es metálica. 

El piso del puente La Luna es de madera. Conecta los dos lados de la quebrada La Chilena.











Junto al puente está el mirador de San Juan, desde el cual se aprecia la cordillera que rodea a Quito. Cuando los días son despejados se observa los nevados Cotopaxi, Antisana y Cayambe. También una vista panorámica del Centro Histórico.




lunes, 4 de junio de 2018

Niños y adolescentes venezolanos dejan de estudiar por migrar con sus familias

Niños y adolescentes de Venezuela llegan a diario a las terminales terrestres del país. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Diego Bravo C.

Las escenas se repiten en las terminales de transporte de Quito. Niños y adolescentes venezolanos con sus familiares, llevando maletas y con la esperanza de conseguir una nueva escuela o colegio en el país al que se movilizan. Ellos debieron abandonar sus estudios debido a la crisis económica.

La noche de este lunes 4 de junio del 2016 se vivió esa realidad en la estación interprovincial de Carcelén, ubicada en el norte de Quito. Decenas de infantes esperaban un bus para trasladarse hasta la fronteriza Huaquillas, en la provincia de El Oro, y de allí partir hacia Lima, la capital del Perú, para reencontrarse con sus allegados.

Los niños vestían chompas abrigadas y sacos de lana. Adolescentes cuidaban vehículos para conseguir unos centavos y reunir para los pasajes. Los que ya viajaban, esperaban con ansias embarcarse en un vehículo y seguir su camino. Uno de ellos es Joel, de 15 años, quien cursaba el cuarto año en el Liceo Creación El Macaro de Maracay, estado de Aragua, cuando abandonó los estudios.

Su aspiración era obtener buenas calificaciones y graduarse para luego seguir la carrera de piloto de avión. Sin embargo, tuvo que abandonar el colegio para reunirse con sus padres que viven en Lima.

“Iba a pasar a quinto año, pero me retiré. No me siento nada bien. El objetivo de un niño o adolescente es terminar la secundaria para luego estudiar una profesión”.

Aspira acabar el bachillerato en Perú. También ver nuevamente a sus primas, de 15 y 11 años, quienes también dejaron el colegio por migrar.

Él viaja junto a su hermano, Wladimir de 13, quien estaba en el mismo centro educativo y perdió el año. “Me siento triste por no estudiar, pero a la vez feliz porque voy a estar con mi mamá”.

Ambos los acompañaba su tío, Hupertín Manrique, cuyo hijo de 11 también dejó la escuela hace 10 meses para irse a España con la mamá. El hombre aspira trabajar en Perú, juntar dinero, y viajar a Europa para reunirse con su pequeño. “Estaba en sexto grado. Por suerte le revalidaron materias y continuó su formación en otro continente”, apuntó.

La cantidad de chicos venezolanos que abandona el colegio o la escuela por migrar es un tema que preocupa a las autoridades de esa nación. Datos difundidos por el Ministerio de Educación a la agencia EFE, en septiembre del 2017, refieren que el año escolar comenzó 7 195 335 estudiantes y en enero fueron 7 446 515. Es decir, 251 180 chicos de inicial, primaria y secundaria menos.

En ese sentido, según informa EFE, la Federación Venezolana de Maestros (FVM) indicó que desconoce el "paradero" de ese cuarto de millón de alumnos y manifestó su preocupación por el tema, al tiempo que denunció el deterioro de más del 90 % de los planteles educativos y la "inacción" del Gobierno de Nicolás Maduro en este sentido.

Pese a las críticas, el Jefe de Estado reiteró que el 76 % de la educación en el país es "gratuita y de calidad" y llamó a su Gobierno a trabajar para escolarizar al 10 % de esa población que no está incorporada en ningún programa educativo.

En tanto, decenas de chicos venezolanos que abandonaron su formación académica continuaban llegando anoche a la estación de Carcelén. Yerson tiene 17 años y partió desde Caracas junto a sus padres. Cursaba el último año de bachillerato y lo abandonó.

Su prioridad es arribar a Lima y conseguir un empleo para enviar dinero su novia, de la misma edad, y su hijo recién nacido. Llegó a Quito caminando desde Cúcuta, frontera colombo-venezolana. “Me gustaría acabar mi bachillerato (…) También había cosas peligrosas como la inseguridad. Mis amigos fueron asesinados”.

Danny tiene 20 y se salió del colegio cuando cursaba el segundo año de bachillerato. Su hija está en Guarenas, estado de Miranda, y quiere trabajar para mantenerla. Lleva cuatro días en Quito. Debido al frío de la capital se enfermó de la garganta y tenía fiebre. La gente que lleva comida todas las noches le proporcionaron medicinas.

Aspira estabilizarse económicamente en Perú y luego retomar el colegio. A futuro, quiere estudiar Ingeniería en Petróleos en la Universidad.

http://www.elcomercio.com/actualidad/ninos-adolescentes-venezolanos-estudiar-viajar.html

viernes, 1 de junio de 2018

Las terminales terrestres son un refugio para los venezolanos migrantes

En la Terminal Terrestres de Carcelén, decenas de ciudadanos venezolanos pernoctan durante las noches. En la gráfica, un grupo de 'llaneros' hacen fila para recibir los alimentos que reparte una familia solidaria. Foto: EL COMERCIO
30 de mayo del 2018



Diego Bravo Carvajal


 En la Terminal Interprovincial de Carcelén, ubicada en el norte de Quito, alrededor de 30 venezolanos pernoctan las noches. No tienen otro lugar en donde quedarse para descansar. Por las mañanas, ellos trabajan allí vendiendo dulces o cargando maletas para juntar dinero y luego movilizarse hasta la frontera con Perú.


Son grupos que cambian. Unos se quedan una o dos semanas y se van. Luego llegan otros que hacen lo mismo y así se repite sucesivamente. A veces son familias completas con niños pequeños, las cuales huyen de la crisis económica y política que afecta a ese país.


Su objetivo es viajar a Lima y juntarse con sus parientes y amigos, quienes viven allí. La noche de este martes 29 de mayo del 2018, ellos contaron sus historias y pidieron a las autoridades que les permitan quedarse allí, pues aseguran que el sitio es seguro y no se exponen a que les roben en la calle.


“Vengo de Caracas y estoy en Quito dos días. Atravesamos Colombia en una semana”, contó Gustavo Torrivilla, un barbero de 26 años. Como sus compatriotas, él se alimentó esta noche con la comida que una familia quiteña les llevó para ayudarles.

“Les damos desayuno, café con dos panes. Por la noche les traemos sopa caliente. No comen nada durante el día porque todo el dinero que ganan lo juntan para comprar el pasaje e irse a Huaquillas, en la provincia de El Oro, frontera con Perú”, manifestó Francisco Reinoso, un oficial en servicio pasivo de la Marina, quien reparte alimentos junto a su esposa e hijas desde hace 10 días.


Esta noche les prepararon una crema de zapallo con verduras y pan. Otro día les llevaron una olla grande con aguado de gallina. El objetivo –explicó Reinoso- es solidarizarse con la gente que sufre tras salir de su país. Los migrantes no están acostumbrados al frío de Quito, el cual es más intenso en los días lluviosos.


“Algunos tenemos sábanas que nos regalaron en un refugio de Ibarra, en Imbabura (…) Tenemos que dormir todos ahí juntitos en la sala de espera, sentados, en el piso, como nos podamos acomodar”, manifestó Zadhay Acosta, de 19 años, quien vino caminando desde Cúcuta (frontera colombo-venezolana) hasta Ecuador.


“Más tristeza dan quienes duermen en la calzada con más frío. La mayoría de venezolanos estamos acostumbrados a climas calurosos. Nos afectan las bajas temperaturas”, contó la mujer.


Este Diario entrevistó al arquitecto Bolívar Muñoz, gerente de terminales y estacionamientos de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop) del Municipio. Dijo que las terminales son espacios públicos que están abiertos las 24 horas del día para servir a la comunidad.


“De ninguna manera, a nadie se le puede sacar, excepto que generen disturbios, lo cual no se ha dado”, enfatizó. A su juicio, la llegada de migrantes venezolanos a las estaciones de Carcelén y Quitumbe, en el sur de Quito, no es nueva.


“Pueden quedarse hasta encontrar la unidad que les lleve a su destino, No hay restricción para retirarles”. Asimismo, explicó que desde hace dos meses se registra la afluencia de venezolanos en las estaciones interprovinciales.


Añadió que hay zonas en donde la gente pernocta hasta encontrar un autobús y viajar. “Ellos no están permanentemente en la terminal, es por períodos muy cortos. No se quedarán para toda la vida”.

sábado, 12 de mayo de 2018

Niños y sus padres madrugan para tomar un turno en el Hospital Baca Ortiz


Conforme avanzaban los minutos, desde las 05:30 hasta las 06:00 de este miércoles, más gente arribaba al Hospital. Foto: Diego Bravo / EL COMERCIO

Diego Bravo Carvajal


Decenas de niños y sus padres madrugaron este miércoles, 9 de mayo del 2018, para tomar un turno en el Hospital Baca Ortiz, en el centro-norte de Quito. Desde las 05:00 aproximadamente, ellos se agolparon en el ingreso de ese centro que da a la avenida Colón.


El termómetro marcaba 8 grados a esa hora. Los pequeños vestían chompas térmicas y gorros de lana. A los más pequeños les abrigaron con cobijas. En esos momentos se sentía el frío de la madrugada que era intenso. Esto por la lluvia que horas antes cayó sobre la ciudad. El hijo de Roxani, Edward, tiene leucemia desde hace dos años.


Ambos se despertaron a las 04:30 para salir temprano de su casa, ubicada en Chimbacalle, y acudir al centro. Llegaron a las 05:10 y estaban entre los primeros de la fila, integrada por unas 40 personas. “Venimos cada ocho días. Madrugamos porque se acumula mucha gente”.


Cuenta que los turnos se entregan a partir de las 06:30. Si llegan temprano –cuenta la mujer- Edward es atendido a las 07:00. Una realidad similar vive Rocío y su hija, Saraí, de 1 año y 8 meses. Hoy, ellas salieron a las 04:30 desde su casa en Calderón, extremo norte de Quito. Un vehículo les cobró USD 10 por transportarlas.


La niña padece insuficiencia suprarrenal desde que nació y el objetivo de la mamá es que la atiendan temprano para luego comprarle las medicinas. “Antes venía cada ocho días. Ahora es trimestralmente. Sería bueno que el hospital abra las puertas y no morirnos de frío, más que nada por los niños”, cuenta Rocío.


Conforme avanzaban los minutos, desde las 05:30 hasta las 06:00 de hoy, más gente arribaba al Hospital. Luis vino desde San Luis de Chillogallo, sur de la urbe, para conseguir un turno.


Su pequeño, de 7 años, tiene principios de hidrocefalia y utiliza una válvula. “Con mi esposa nos levantamos a las 04:30 para alistar a nuestro hijo y salir. Una vez al mes venimos y siempre nos encontramos con la misma realidad de esperar”.


También llegan pacientes de otras provincias, quienes hacen fila para tomar su turno. Juana y su hijo Mateo, de 4 años, viajaron desde Chambo, un cantón de la provincia del Chimborazo.


Ayer viajó a la capital para quedarse por la noche y madrugar. Llegó al Hospital Baca Ortiz, a las 05:30, para ubicarse en los primeros lugares de la fila. “No hay como madrugar con mi niño porque tiene leucemia y es más propenso a que se resfríe". Aseguró que la atención de los médicos es buena, pero hay inconvenientes cuando le toca esperar.


A veces, incluso bajo la lluvia hasta que las puertas del centro asistencial se abran a las 06:00. Víctor viajó desde Ambato para que su hijo, de 2 años y medio sea atendido. El niño tiene cáncer y ambos salieron a las 03:00 de su tierra para llegar a tiempo.


http://www.elcomercio.com/actualidad/ninos-padres-turno-hospital-bacaortiz.html

sábado, 17 de marzo de 2018

Trabajadores sexuales masculinos laboran en cuatro zonas de Quito

Trabajadores sexuales masculinos se ubican en las esquinas de la Plaza Foch (foto) o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO


Diego Bravo Carvajal 

La noche de este viernes 16 de marzo del 2018, decenas de trabajadores sexuales masculinos salieron a las calles de Quito a laborar. Se ubican en las esquinas de la Plaza Foch o en las inmediaciones del Puente de El Guambra. Otros están en los centros de diversión nocturna localizados cerca de la Plaza Artigas. Hay otro grupo que permanece en la Plaza de la Independencia.

Esas zonas son identificadas como espacios en donde se ejerce el trabajo sexual masculino, según el mapeo realizado por la organización HTS Goover, la cual busca la protección de derechos de los y las trabajadoras sexuales del Ecuador. Su representante, David González, calcula que en la capital existen aproximadamente 300 hombres que se dedican a esa actividad, sin contar a los extranjeros que también lo hacen y se han incrementado en los últimos años. Ellos comienzan su trabajo a las 21:00 y terminan pasadas las 02:00.

¿Quiénes son sus clientes? La mayoría, hombres y un bajo porcentaje corresponde a mujeres. Eso depende del sitio en donde se encuentran. Se llaman "gigolos" los que solamente tienen intimidad con señoras o chicas, precisa González. Ellos están cerca de la Plaza Artigas.

La noche del viernes, un trabajador sexual contó sus experiencias a este Diario. Se llama Darío, de 32 años, un ingeniero químico venezolano que llegó al Ecuador hace ocho meses. Admite que en su país también se dedicó a eso para mantener a su esposa e hija de 9 años. Mensualmente, él atiende a un promedio de 16 clientes. De ellos, el 70% es hombre, de entre 30 y 45 años, generalmente casados y profesionales, que buscan tener encuentros íntimos con trabajadores sexuales. El resto es mujer.

“Mensualmente, mis ingresos varían. Cuando hay bajas ganancias percibo USD 600. En los mejores momentos gano entre USD 1000 y 1200”.

Asimismo, se contactan con gente por redes sociales, en donde cuelgan sus fotografías cuando se encuentran desnudos y no muestran sus rostros. En otras ocasiones, se paran en las esquinas a la espera de que llegue algún interesado en contratarlos.

A simple vista, ellos lucen como cualquier joven que sale a divertirse en la Plaza Foch y sus alrededores. Su ropa no es llamativa: visten jeans, una chompa abrigada, camiseta y zapatos deportivos. Siempre llevan una mochila, lo cual los mimetiza entre la gente como si fueran estudiantes universitarios.

En la organización HTS Goover se compilan las experiencias de los trabajadores sexuales. González cuenta que hay toda clase de gente que los busca. Unas personas lo hacen solo por sexo. Otras para conversarles su vida y desahogarse mientras toman un café o licor. Se reúnen en hoteles y hostales. La tarifa por cada encuentro varía entre USD 30 y USD 200, dependiendo el cliente.

Los viernes y sábados son los días de más trabajo. Cuando tienen encuentros con mujeres, que son pocos, ellas son casadas o divorciadas. “La última que estuvo conmigo fue una de 38 años que se había separado de su esposo, quien viajó a España y se sentía sola”, señala Darío.

En el mapeo, la organización HTS Goover identificó al Parque El Ejido, junto al Puente de El Guambra, como uno de los sitios en donde los gais y bisexuales contratan trabajadores sexuales varones. A la Plaza de la Independencia, en cambio, acuden quienes son de bajos recursos económicos.

Otra estrategia para conseguir clientes es visitar las discotecas y "enganchar" interesados en contratar sus servicios sexuales.

http://www.elcomercio.com/actualidad/trabajadores-sexuales-masculinos-laboran-quito.html