lunes, 24 de marzo de 2025

El monumento a los héroes del 10 de Agosto de 1809


Por Bolívar Bravo Arauz para la Sección del Recuerdo de El Comercio


Se refiere en las crónicas ya empolvadas por el tiempo que, en el año de 1757, según el Padre Juan Domico Coleti, que en la ciudad de Quito, Quitum o Quitoa, de donde toma el nombre toda la provincia y que está situada bajo la Línea Equinoccial, existe en el centro de la ciudad una Plaza Mayor que se abre en un cuadrado de trescientas brazas, de suerte que toda la circunferencia era de unas 1.200 brazas.

Los cuatro lados del mismo lo forman al oeste el Palacio llamado de la Audiencia, en donde reside el Presidente; al este el Palacio Obispal y otras casas que están al lado izquierdo; frente a este y al lado Sur, la Iglesia Catedral siendo su titular a San Pedro.

En la mitad de la plaza se halla una fuente de piedra que se asemeja a la piedra tallada llamada de Rignano en la Istria; no es un mal trabajo y en la cima de la pila hay un ángel dorado que arroja agua desde una trompeta que parece tocara.

Añade que la ciudad se halla dividida en siete cuarteles o parroquias que son: El Sagrario, San Sebastián, San Blas, Santa Bárbara, San Marcos, San Roque y Santa Prisca. Hay casas de religiosos que son: dominicanos, franciscanos, agustinos, mercedarios, jesuitas y betlemitas. Los primeros tienen la Casa Grande y los otros la Recoleta. Los betlemitas tienen a su cargo el hospital de enfermos que tiene dos salas: para hombres y mujeres. Así permaneció la Plaza Mayor, llena de fango, sin empedrar.

Han pasado los años y hoy admiramos en el centro de la Plaza de la Independencia, el más hermoso monumento de granito y bronce para honrar a los próceres que lucharon y se sacrificaron para prender la antorcha luminosa por la libertad, el 10 de agosto de 1809, a fin de darnos una patria libre y soberana.

LOS GESTORES

Las crónicas edilicias señalan que en el último lustro del siglo, surgió la noble y patriótica iniciativa del Cabildo de Quito de levantar un monumento digno de la honor y la gloria, el homenaje permanente y eterno a los próceres quiteños, por lo cual un notable grupo de ciudadanos constituyó el Comité respectivo presidido por doctor Dr. Carlos R. Tobar e integrado por el Dr. Lino Cárdenas, presidente del concejo Municipal de Quito, Genaro Larrea, Alejandro Saa, y Daniel Román. Posteriormente, entró a conformar el doctor Francisco Andrade Marín, brazo ejecutor del proyecto.

Debe recordarse que tanto el Dr. Carlos Tobar como el doctor Lino Cárdenas, fueron ministro de estado, y rectores de la Universidad Central.  El Dr. Tobar, recordado literato, escribió en 1895 un libro titulado: Relación de un veterano de la Independencia.

El Municipio de Quito destinó la suma de diez mil sucres, como aporte inicial para la obra. Para la gestión económica y recolección de fondos fueron encargados los señores: Dr. Modesto A. Peñaherrera, Neptalí Bonifaz, José Madrid y Juan Mortensen. Por excusa de dos de sus miembros fueron designados los señores Juan Manuel Lasso Ascázubi y Carlos Espinosa.

Se proseguían los trabajos con entusiasmo. Por eso es curioso anotar que el primer proyecto de monumento fue presentado por el artista J.B. Mincheti, afamado escultor italiano. Se hicieron consultas de precios a las casas White Bronze Monument de Filadelfia y Uchtrich de Alemania, pero se desiste de las propuestas.

Como pasa el tiempo, la ciudadanía quiteña reclama con insistencia por la ejecución del monumento, pues afirma que es imprescindible pagar una deuda de gratitud para los próceres quiteños.  Y para que se lleve a efecto, aprovechan de las sombras de la noche para derrocar la pila de la Plaza Grande y obligar a las autoridades a levantar el monumento.

Al fin se logra que se coloque la primera piedra, el 10 de agosto de 1898, en la presidencia del general Alfaro. En el acto solemne toman la palabra los doctores Carlos R. Tobar, Francisco Andrade Marín, el gran higienizador de Quito que hizo el relleno de la quebrada Jerusalén hoy la Avenida 24 de mayo.

Continúa la recolección de fondos mediante contribuciones voluntarias, y para acrecentar se organizan rifas y veladas; los municipios envían contribuciones y no llega la de Guayaquil.

En 1902 se abre en Europa un concurso en el que participan escultores y artistas de fama universal, con la intervención del Cónsul del Ecuador en París, doctor Víctor Manuel Rendón.

LOS PARTICIPANTES

Participan en el concurso: Bertholdi, autor de la estatua de la Libertad que se levanta en la entrada de Nueva York; Michelet, autor de los bustos de Olmedo y Montalvo; Dampt Bartholome, autor del momento de Parede Chasaime; Aube Eichemuller, autor del monumento de Gambetta en el Palacio de Louvre; Auban, autor de monumento de Garibaldi en Italia y varios otros.

En marzo de 1904, se efectúa una gran sesión ampliada del Concejo Municipal de Quito, bajo la presidencia del señor Genaro Larrea y vicepresidente señor Enrique Freile Z.; los concejales Ramón Calisto, Feliciano Checa, Andrés O. Orces, Rudolfo Riofrío, Daniel Burbano de Lara, Dr. Manuel Montalvo, Dr. Alejandro Reyes, y Leonardo Fernández Salvador, actuando de secretario Manuel María Guerra, los miembros del Comité 10 de agosto Pro Erección del Monumento, asesorados por los más notables ingenieros y arquitectos de la época y se resuelve  acoger y aprobar, por ser la más conveniente, la del escultor italiano Adriatico Frioli. Igualmente, se resuelve dirigirse al cónsul del Ecuador en Génova, Dr. Leonidas Pallares Arteta, para que suscriba el contrato por la suma de 200.000 sucres.

En esta ciudad, se firma el contrato con arquitecto Lorenzo Durini, para el monumento.

Se hace un detallado estudio de los relieves que deben ir en el monumento, en el pedestal. Igualmente, se aprueba que debe llamarse próceres y se resuelve que junto a éstos debe ir el nombre de Manuela Cañizares.

El monumento trabajado por Frioli, llega a Guayaquil el 2 de febrero de 1906. Los nombres de los próceres que consta en la placa son los siguientes:

Álvarez Gabriel, Álvarez Vicente, Angulo Miguel, Ante Antonio, Argote Ramón, Benavides Melchor, Ascázubi José, Castelo, Castelo Manuel, Correa, Cuero y Caicedo José, Checa, Donoso Manuel. En otra placa del lado norte del monumento constan los nombres del Dr. Francisco Javier de Santacruz y Espejo, Manuela Cañizares, Guerrero Juan José, Hurtado Martín, Jerez José, Larrea Manuel, Landáburo, Matheu Manuel, Miraflores, Salazar, Silva, Solanda, Bejarano Jacinto, Vélez Nicolás, Villa Orellana, Zaldumbide Jorge, Zambrano Manuel, Zea Francisco, Montúfar Pedro, Mosquera, Peña Nicolás, Pineda Antonio, Luis Rodrigo Saá.

En otra placa se señala: Nómina de los Próceres de la Independencia ecuatoriana alevosamente asesinados en su propia prisión el 2 de agosto de 1810: Albán José, Aguilera Nicolás, Arenas Juan Pablo, Ascázubi Francisco Javier, Melo Víctor, Larrea Juan, Cajías Manuel, Godoy, Mideros, Morales Juan de Dios, Oleas Atanasio, Peña Antonio, Quiroga, Riofrío José, Tobar José, Villalobos, Vinueza José. Las calles de la ciudadela Vicentina llevan los nombres de algunos de estos próceres y héroes.

ALEGORIAS

Corona el monumento Quito, Luz de América, una bella estatua con la antorcha de la libertad y luz. Al pie el león ibérico herido de muerte con una flecha, el águila de los Andes con las alas desplegadas y rotas las cadenas de la esclavitud, el Escudo de Armas de la República; las armas de la victoria, la cruz y los laureles del triunfo. En los bajos relieves, la sala Capitular de San Agustín en donde se suscribió el acta de la Revolución Patriótica del 10 de agosto de 1809. El otro relieve se refiera al asesinato de los próceres. Hay que recordar que la Plaza de la Independencia, hasta 1940, o sea hasta la Segunda Guerra Mundial, estaba rodeada de unas artísticas verjas de hierro con seis puertas adornadas con escudos. Por las noches se cerraban las puertas de la Plaza Mayor. Iguales verjas habían en la Alameda, y pequeñas verjas en los jardines de las plazas de Santo Domingo y La Merced de esta ciudad.

Fotos: archivo nacional. 




domingo, 9 de marzo de 2025

Los juegos infantiles, parte del folklore

 

Foto: Tomada del libro Los Sesenta de Luis Mejía

Por Bolívar Bravo Arauz para las Crónicas del Recuerdo de El Comercio

En la infancia hay recreaciones infantiles para pasar dulcemente las horas mediante variedad de juegos que se eje cutan acompañados de canciones sen cillas y tiernas. Estas canciones forman la base de nuestro folclore. Mucho y de estos juegos fueron trasladados de la Península y no carecen de originalidad.

Se puede evocar de los tiempos de la infancia, los goces infinitos de chapotear por las calles mojadas. En la ciudad acogedora y gentil, risueña y graciosa en la que llueve trece meses al año, según expresión popular.

Veíamos congregarse en los amplios patios de las casas, en los huertos perfumados y en las estrechas calles de una ciudad alumbrada por el farolito al conjuro de mil leyendas y tradiciones de una ciudad que soñaba con los fantasmas, duendes y aparecidos.

Los tiempos han cambiado al igual que la fisonomía de la ciudad y la forma tradicional y pintoresca.

De esos juegos de la edad dorada y feliz de la infancia, el más recordado es sin duda el juego de la Viudita Inquieta, en el que cogidos de las manos, con inmensa alegría expresado en los sonrosados rostros, mientras el viento agitaba las trenzas larguísimas de las niñas, o la melenita de los pequeños, al mismo tiempo que se sitúa en el medio una niña, los demás dan las vueltas cantando:

Hermosas doncellas

que al prado venís
a recoger flores
de mayo y abril 

La niña que hace el papel de viuda y que está en el centro del círculo, canta entonces sola:

Yo soy la viudita
del Conde Laurel.
Yo quiero casarme 
y no hallo con quien 

El coro infantil responde: 

Pues siendo tan bella
no encuentras con quien
elige a tu gusto 
aquí tienes cien

La viudita contesta:

Elijo esta niña
por ser la más bella
la blanca azucena
del todo el jardín

El coro responde otra vez:

Y ahora que hallaste 
la prenda querida
feliz a su lado 
pasarás la vida
contigo sí
contigo no
contigo viudita 
me casaré yo

Y en esas mismas noches, cuando oíamos absortos, de los labios de nuestras abuelitas, relatar los cuentos espeluznantes, sin pensar que algún día habíamos de escuchar reemplazados por las ondas milagrosas de la radio, el cine sonoro y la televisión, con ingenuidad repetíamos:

A la una... sale la luna
A las dos... suena el reloj
A las tres, sale el Andrés
A las cuatro, salta el gato
A las cinco, viene Jacinto
A las seis, juega Moisés
A las siete, el Diablo se mete
A las ocho, come tu bizcocho
A las nueve, nadie se mueve
A las 10:00, pasa el ciempiés

Después de la cena, venía la alegría desbordante y sincera, en medio de un claro cielo en noche de luna serrana. A veces, en las noches de invierno, obscuras y frías entonces, se repetía esta cantinela:

Agua, Señor de San Marcos
Señor de los charcos
para mi lindo traguito 
que está muy bonito 
para mi cebada
que está muy granada
para mi sandía
que está muy florida
para mi aceituna
que ya tiene una. 

Y amanecida plácida y risueña la vida de esta ciudad tranquila y solariega se oía esta simpática relación:

Cu-cu-cu-cu
cantaba la rana
debajo del agua
pasó un caballero
de capa y espada
pasó una señora 
de falda de cola
pasó un marinero
llevando un romero
le pedí un ramito
no me quiso dar
y entonces de rabia
me puse a llorar

Ráfagas heladas de verano o soles ardientes con nubes de polvo y besos de viento, invitaban al juego en las colinas cercanas. Se recuerdan los juegos que comenzaban así:

Buenos días su señorío
matantirum - tirulan
que quería su señoría
matantirulan

Otros juegos son: el yasta y otros.
Otro jueguito decía así:

Pin pin Serafín
cuchillito de marfil
manda la ronda que esconda este pie
tras la puerta de San Miguel
amén papel 




domingo, 2 de marzo de 2025

Antiguos institutores de Quito

 

Por Bolívar Bravo Arauz para la Sección del Recuerdo de El Comercio

Antes de la fundación de los normales había los renombrados institutores para quienes va esta nota en la página de recuerdos. Estos maestros son: Daniel Enrique Proaño, las señoritas Toledo, Obdulia Quevedo, Los señores Pablo J. Gutiérrez, Ricardo Rodríguez, Roberto Cruz.

Daniel Enrique Proaño 

Nació en 1850. Una escuela fiscal de Quito lleva su nombre. Estudio en un instituto Cartográfico de la Escuela Politécnica fundada Por García Moreno. Fue director del antiguo instituto de Pedagogía. En 1880, en el barrio de La Ronda funda el colegio de Santa Infancia. En este colegio, fundado por ese insigne pedagogo había desayuno escolar, la gota de leche, enseñanza ejemplar y gimnasia. Funcionó durante 50 años. Escribió varios libros como Compendio de Gramática, la educación popular, cinco tomos en la Revista Pedagógica, folletos en prosa y en verso.

El general Alfaro mandó a imprimir 1 500 folletos de Educación Popular para que sean distribuidos gratuitamente. Fue también notable en esta época don Roberto Cruz autor de numerosos libros. Lleva su nombre la escuela de la parroquia de la Magdalena.

Proaño fue director de Estudios de Pichincha, miembro del Consejo Escolar y vocal del consejo de Instrucción Pública.

Su vestido era característico. Leva, bastón, trajes elegantes. Era de pequeña estatura, de tez morena y era muy respetado por la ciudadanía y los altos funcionarios del Gobierno. Vivió por muchos años en el barrio de la Tola.

Escuela de la Toledo

¿Quién no ha escuchado hablar del famoso jardín del Instituto de las Señoritas Toledo? 

Funcionó en la Casa de la Inquisición (calle Bolívar y Venezuela), derrocada por afán de modernización de la urbe colonial. Luego pasó a la calle Rocafuerte, bajos del convento de Santo Domingo.

La fundadora, Lucinda Toledo (un jardín de infantes lleva su nombre), nació en Quito, en 1863. Fue hija de Antonio Toledo y Nicanora Paredes. Se educó en la escuelas de los Sagrados Corazones y San Carlos. A los 15 años comenzó la carrera del magisterio, en Ambato. Luego vino a Quito a prestar sus servicios en la escuela de los Sagrados Corazones. Pronto fundó la escuela de San Luis Gonzaga para los varones y Santa Rosa de Lima para las niñas. 

Le ayudan en esta labor María Eduviges y Teresa. Cobraban como pensión veinte centavos por mes.

Pasaron los años, las generaciones agradecidas acuerdan rendir homenaje a su dilecta profesora, Lucinda Toledo. Se funda el comité formado por los caballeros: Gustavo Bueno, Carlos Mantilla Ortega, Miguel Dousdebés, doctor Julio Vásconez, Benjamín Chiriboga, Gerardo Enríquez.

En el gobierno del doctor Carlos Arroyo del Río, siendo ministro de Educación el doctor Abelardo Montalvo, en 1943, se le concede la condecoración al mérito. Para la entrega de la presea aurea se efectuó la sesión solemne en el Teatro Nacional Sucre. Se habían consagrado sus ex-alumnos que demostraron su gratitud para tan insigne educadora. Entre estos merecen citarse el padre Julio Armijos S., Augusto Arias, doctor Julio Vásconez Delgado, ingeniero Alfonso Calderón, ex-ministro de Previsión y Trabajo y de Defensa Nacional, Alfonso Pérez Pallares, ex-alcalde de Quito, doctor José Ricardo Chiriboga Villagómez, también ex-alcalde, doctor Víctor Hugo Vayas, ex-controlador de la Nación, etc.

La señorita Toledo vivió en sus últimos años rodeada de sus sobrinas Nicanora, Rosa María, Ana Lucía y Rosario Zurita. La casa de la señorita Toledo se halla ubicada frente a la capilla de señor de los milagros, en el tradicional barrio de la Loma. Se conserva con religiosidad un ábaco en el que aprendían los niños a calcular.

Pablo J. Gutiérrez 

Otro notable educador fue Don Pablo Julián Gutiérrez. Fue profesor del colegio Mejía y de varios otros planteles. Es autor de la Aritmética de Bolsillo y Aritmética comercial, valiosos textos de enseñanza.

La escuela Pablo J. Gutiérrez fue fundada hace 44 años y funcionaba en la ciudadela América. La escuela tiene su prestigio y han ocupado la dirección los profesores Jorge Regalado, Rosendo Mediavilla, Héctor Zurita Pico y el actual, licenciado Rubén Lárraga, quien se halla 20 años frente al plantel.

Hay que anotar que esta escuela no tenía un local donde funcionar. Para solucionar este grave problema, el Ministerio de Educación acaba de adquirir una amplia y hermosa quinta en la avenida Universitaria, en la suma de 7'646 912 sucres, a los herederos de Cristóbal Bonifaz.

Benefactora de la educación 

Merece especial mención Isabel Palacios. Tenía afán por la educación popular, de los niños quiteños de hogares humildes. Donó la casa y el terreno en donde se construyó el local para la escuela Hermano Miguel de la parroquia de San Blas. En este lugar, calle Guayaquil, se construyo un edificio moderno donde funciona el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Se cuenta que un día que salía de su casa situada en la antigua calle Bolivia, hoy Espejo, en el lugar en el que existe el Teatro Bolívar vio que un alguacil cuyo nombre era Jorge Yépez pero que se le conocía con el apodo o mote de Ángel Dormido, llevaba preso a un acaudalado industrial, Juan Pío Aguirre, que tenía una gran fábrica en Latacunga, pero que había sido arrasado por un aluvión y su fortuna había sufrido fuerte quebrando. Le dice al alguacil: suelte al caballero y venga a mi casa que yo cubriré su deuda porque el es un hombre honrado, pero en desgracia. Y así lo hizo. Isabel Palacios hacía muchas donaciones y ayudas.

Camilo Salas Valderrama 

Otro recordado maestro es Camilo Salas Valderrama. Educador quiteño fue nombrado director de la escuela Central de varones la que se denomino después Simón Bolívar N.1, la primera escuela fiscal laica establecida por el general Eloy Alfaro, luego de la transformación liberal del 5 de junio de 1895. Durante la administración del general Leonidas Plaza, Camilo Salas fue consejero escolar en la compañía  de Federico Santur, maestro quiteño que prestó sus servicios docentes por algunos años, en Centro América.

El Consejo Escolar, durante la administración de los ministros Luis Napoleón Dillon y Manuel María Sánchez, se preocupó por la implantación de la escuela laica gratuita y obligatoria de acuerdo con las normas constitucionales, la elaboración de planes y programas de estudio, dotación de mobiliario escolar, material didáctico y métodos de enseñanza hasta entonces desconocidos en el País. Otro ministro que se preocupó por el mejoramiento de la educación fue el doctor Alfredo Monge, hermano de don Celiano Monge, secretario particular del general Alfaro.

Fotografía: Archivo de la familia Bravo Arauz.






domingo, 23 de febrero de 2025

Recuerdos de una brillante generación

 



Por Bolívar Bravo Arauz para la Sección del Recuerdo de El Comercio

Mi apreciado colega Rodrigo Villacís Molina ha escrito una crónica sobre don Nelson Aníbal Núñez, sabio, hombre erudito en ciencias económicas, políglota, vidente. Como tengo más años y lo he conocido personalmente, voy a referirme a su valiosa labor y a su situación en el olvido. 

Hace más de medio siglo, se publicó en esta bella capital, una simpática revista “La Cruz”, semanario de un grupo de universitarios que integraban la Asociación católica de la Juventud Ecuatoriana.  Era antes del 9 de julio de 1925 y tenía nobles ideales. Recuerdo algunos de sus nombres: Nelson Aníbal Núñez a la cabeza, Luis Cornelio Díaz, Luis Afonso Ortiz Bilbao, Jorge Salvador Donoso, Rafael Villalba, Carlos Dousdebés, José Luis González y otros igualmente notables. Apunta que luego tuvieron otras publicaciones: La Defensa y El Campo. Pronto empezaron a desarrollar en diferentes actividades brillaron por su talento.

Nelson Aníbal Núñez, muy joven, y tal vez el mayor de todos, fundó la compañía Ambas Américas. Era, como bien dice Villacís Molina, un hombre que se había enamorado excesivamente de los libros y de los estudios. Aprendía varios idiomas y que luego los dominó. Pero su verdadera inclinación era por los estudios económicos, como Luis Napoleón Dillon, el gran creador y gran revolucionario, luchador indeclinable contra la dominación bancaria. Dominaba idiomas, como Gustavo Salgado el recordado catedrático universitario y valioso jurista, como Francisco Darquea (padre) hombre de trato exquisito y de talento.

Pasaron los años y en la administración de Dr. José M. Velasco y siendo ministro del Tesoro, actualmente Finanzas y anteriormente de Hacienda, los doctores Mariano Suárez Veintimilla y Enrique Arízaga Toral, fue Director técnico don Nelson Aníbal. Por entonces se publicaba el Boletín del Ministerio y allí se hallan los trabajos sobre ciencia hacendaria, tributación, como lo conoce el entonces subsecretario y pulcro funcionario Lcdo. José M. Avilés Mosquera que desempeñaba la Subsecretaría del Portafolio.

Llegó al poder Carlos Julio Arosemena Tola, quien nombró como ministros a los doctores Juan Tanga Marengo, Alfredo Pérez Guerrero, Teodoro Alvarado Olea, Raúl Clemente Huerta, para las carteras de Gobierno, Previsión Social, Economía y Tesoro, respectivamente. Para la cartera de Educación designó al doctor José Miguel García Moreno, quien ocupaba el rectorado de la Universidad de Guayaquil.

Núñez Valdéz presentó la renuncia ante el doctor Huerta y fue aceptada. Entiendo que no volvió a ocupar funciones públicas.  Sus colaboraciones y pronósticos sobre fenómenos sísmicos, crisis económicas, sociales, aparecían en el Debate, en la Revista Mercedaria y otras.

Es natural que se perdía a un honesto funcionario y a un hombre de gran valía. Son cosas de la política.

Posteriormente fue atacado por  el mal de Parkinson. Luego vino su miseria. Este terrible mal que ha atacado a hombres geniales.

Esto nos hace recordar la parálisis que le vino al Canónigo Luis R. Escalante, llamado el “Pico de Oro”

Quiteño, nacido en 1867. Fue párroco de El Belén, Santa Bárbara, San Sebastián y finalmente la Parroquia El Salvador. Fue nombrado Canónigo Honorario por el Arzobispo Manuel María Pólit Lasso.

Es digno de recordarse cuando ocupó la tribuna sagrada en la conmemoración del Centenario de la muerte del el Mariscal Sucre en la Catedral Metropolitana. Fue socio de la Bolivariana del Ecuador.

En su enfermedad, trombosis, le produjo una hemiplegia, parálisis del medio cuerpo y perdió también el habla.  Fue atendido por su sobrino el Dr. Juan Francisco Orellana.  Después de  seis años de enfermedad, murió en 1940 en la más espantosa miseria

En una carta que escribió sirviéndose de un diccionario y señalando palabra por palabra, expresó: “Sufro lo que no es decible. Triste, solo y pobre, pobre, porque en el ejercicio de mi ministerio sacerdotal nunca busqué granjerías. Dios quiso castigarme, dejando con mi vida mi corazón y son luz mi pensamiento. De ese cortejo inmenso que llenaban mi cuarto en los días que pasaron, no me ha quedado en la desgracia un solo amigo. Solo he pedido en mi horrible desgracia que Dios me lleve pronto”.

El canónigo Escalante, quiteño, fue teólogo, filósofo, orador, literato, lingüista y políglota, pues hablaba varios idiomas. En sus brazos, murió el Arzobispo Pólit Lasso, a la salida de una sesión de la Junta Consultiva de Relaciones Exteriores y también a consecuencia de un ataque.

Para terminar, solo se debe recordar que Nelson Aníbal Núñez yace hoy en el Hogar de Nuestra Señora de Lourdes para enfermos incurables que solo esperan la visita de la fiera Parca, hogar que se mantiene por la filantropía y el noble corazón de damas a cuya cabeza está la señorita Rosario Barahona E. Que contraste con aquellos que comercian con el hombre y el dolor de sus semejantes y de otros que aprovechan de los problemas, catástrofes y conflictos del país, para su beneficio personal y que se merecen sanción ejemplar.

Crédito de la foto: archivo familiar. 


domingo, 16 de febrero de 2025

Salas capitulares de Quito


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio. Sección del Recuerdo

Quito posee dos Salas Capitulares en San Agustín que tiene una justa celebridad lugar en la historia pues allí se reunieron en 1809 los patriotas que en América fueron los primeros en construir una Junta Suprema y Soberana de Quito, que declaró la independencia . Es una reliquia que evoca la presencia de ilustres . De altas y macizas paredes, tiene a su cabecera un altar tallado y dorado maravillosamente del XVII, a cuyos lados hay hileras de asientos en gradería primorosamente tallados. 

Al fondo la misma mesa que sirvió para la Secretaría de Junta Suprema y la tribuna que sirvió para pronunciar las proclamas y decretos de nuestros próceres. Todo inspira respeto y recordación. El artesano colonial con sus arabescos. Allí hallamos cuadros del pintor quiteño Miguel de Santiago y cubre el piso una rica alfombra de aquellas fabricadas en los obrajes con arte y gracia. Esta sala fue restaurada en 1922, año del centenario de la Batalla de Pichincha, a cargo del artista Luis F. Veloz, pues los años le habían causado destrucción, asimismo los años en que el convento sirvió de cuartel. 

La otra sala capitular se halla en Casa de Casillas, Casa de los Canónigos o más bien de los Obispos de Quito, situada en la calle Venezuela 715. Encierra los retratos al óleo de todos los obispos de Quito desde 1545 a 1969, un total de 35 cuadros.

En orden cronológico son los siguientes: 

I.- El primer obispo García Días vino de España con Pedro de la Gasca, Pacificador. Asumió su cargo en 1545 y murió en en 1562.

II.- Fray Pedro de la Peña, dominico. Llegó al obispado en 1563. Fundó el Convento de la Inmaculada Concepción, murió en Lima en 1583.

III.- Fray Antonio de San Miguel Solier. Franciscano. Nombrado obispo, no se posesionó, falleciendo en Riobamba en 1590.

IV.- Fray López de Solís. Agustino. Obispo desde 1594 a 1606. Fundó el Colegio Seminario de Lima.

V.-  Fray Salvador de Rivera, nació en Lima. Obispo de Quito a la que llegó en 1605. Murió en Lima en 1612.

VI.- Fernando Arias Ugarte. Obispo de Quito, 1613, promovido luego a obispo de Santa Fé, Charcas y Lima. Falleció en 1638.

VII.- I. Alfonso de Santillana, dominico. Nació en Sevilla. Electo obispo en 1622, murió en octubre 1623.

VIII.- Fray Francisco de Sotomayor, franciscano. Llegó a Quito en enero de 1625. Falleció en Potosí en febrero de1630.

IX.- Fray Pedro de Oviedo. Monje Bernarco nació en Madrid. Obispo de Quito en 1629 y luego Arzobispo de Charcas, Murió en Potosí.

X.- Dr. Agustín de Ugarte Saravia. Inquisidor. Obispo de Quito desde 1646. Fundó el Monasterio del Carmen Bajo. Fue enterrado allí.

XI.- Sr. Alonso Peña Montero. Obispo desde 1652. Presidente de la Real Audiencia de Quito desde 1674.

XII.- Dr. Sancho Andrade Figueroa. Obispo desde 1688. Más tarde Virrey del Perú y Arzobispo de Santa Fe de Bogotá en 1702.

XIII.- Diego Ladrón de Guevara. Obispo de Quito, desde 1705 y virrey del Perú desde 1710. Murió en México en 1718,  cuando iba a España.

XIV. Luis Francisco Romero. Obispo de Santiago de Chile y luego de Quito en 1718, falleció en Charcas en 1729.

XV.-Fray Juan Gómez de la Cueva y Frías. Dirigió la Diócesis en octubre de 1726 al 21 de agosto de 1729 en que murió.

XVI.- Andrés Paredes de Polanco y Armendáriz. Nació en Lima, bispo de Quito de diciembre de 1734 a

..tuvo de obispo de 1791, a 1792,  renunció.

XXI.- Fray José María de la Madrid. Franciscano. Primer obispo natural de Quito, gobernó de 1772 1793. Falleció en alta mar.

XXII.- Miguel Álvaro Cortés, obispo de Quito 1796 a 1799.

XXIII.- Dr. José Cuero y Caicedo, natural de Cali, obispo de Quito, de 1800 a 1815. Prócer de nuestra independencia.

XXIV.- Dr. Leonardo Santander y Villavicencio. Obispo de Quito, de 1817 a 1822. Volvió a España en 1822.

XXV.- Dr. Rafael Lasso de la Vega, obispo de 1828 a 1833.

XXVI.- Nicolás Joaquín de Arteta y Calisto. Quiteño, obispo de 1833 a 1849. Consagró la Iglesia Catedral de Quito. En 1848 creó el Arzobispado de Quito y fue el primero como tal.

XXVII.- Francisco Javier. Arzobispo de 1851 a 1861

XXVIII.- Dr. José María Riofrío, lojano. Arzobispo en 1867. Murió en 1877.

XXIX.- Fray José María de Jesús Yerovi. Nació en Quito en 1819 y fue arzobispo entre 1867 y 1868 en que murió.

XXX.- Dr. José Ignacio Checa y Barba, quiteño. Arzobispo de 1868 a 1877, en que murió envenenado en viernes santo.

xxxi.-Dr. José Ignacio Ordoñez nació en Cuenca. Obispo de Riobamba en 1866 y arzobispo de 1882 a 1893.

XXXII.- Dr. Pedro González Calisto. Quiteño. Estudió en Roma. Arzobispo de 1893 a 1904, año en que murió.

XXXIII.- Dr. Federico González Suárez, quiteño, arzobispo desde 1906 hasta el primero de diciembre de 1917, año en que murió. Es el historiador máximo de Ecuador.

XXXIV.- I. Dr. Manuel María Polit Lasso. Nació en Quito en 1862, luego de ser obispo de Cuenca, ascendiendo al arzobispado de Quito en 1919 y falleció en 1933.

XXXV.- Su eminencia Carlos María de La Torre Nieto. Quiteño. Arzobispo desde 1933 a 1953, año en que se convirtió en el primer cardenal del Ecuador. Renunció por su edad en 1967. 

Sucedió al Cardenal de la Torre Mons. Pablo Muñoz Vega, nacido en Mira, provincia del Carchi en 1903. Profesor del Colegio Latinoamericano de Roma. 

Fotografía: El Comercio. 

lunes, 10 de febrero de 2025

Importantes sucesos en los albores del siglo XX


Por Bolívar Bravo Arauz para El Comercio

Al comenzar el siglo XX se registraron dos importantes acontecimientos: el hallazgo de los restos del Mariscal Antonio José de Sucre y la concurrencia del Ecuador a la feria Internacional de París, donde obtuvo importantes premios.

El Mariscal Antonio José de Sucre, a esta ciudad donde había formado su hogar, luego de asistir al congreso llamado “el Congreso admirable” y luego de expedir una carta fundamental, terminó sus labores. Este constituyente se reunió en Bogotá en 1830 y respaldado por Sucre. En esta Carta Política se seguía respaldando teóricamente la unidad colombiana. Posteriormente vino la separación. Las fuerzas gran colombianas derrotaron a las del Perú en la Batalla del Tarqui del 27 de febrero de 1827; los estrategas que organizaron fueron el Mariscal Sucre y Juan José Flores.
Cuando regresaba el Mariscal Sucre a esta ciudad, traidoramente fue asesinado en las selvas de Berruecos el 4 de junio de 1830. Había en el siniestro un tremendo detalle: los cinco asesinos, dos comandantes, un capitán y dos soldados. Fue en medio de odio político y ambiciones.
Habían transcurrido setenta años del crimen cuando ocurrió el hallazgo de los restos de Sucre. El 24 de abril de 1900 concurrieron para hacerse cargo de los restos y para luego hacer su identificación científica, el presidente general Eloy Alfaro, el vicepresidente Dr. Carlos Freile Zaldumbide, el vicepresidente alterno Dr. Abelardo Moncayo, el ministro del interior Rafael Gómez de la Torre, el ministro de hacienda Tomás Gallardo, el encargado de negocios de Francia Hipólito Franco, el Cónsul de Venezuela Manuel Jijón Larrea, el intendente de Policía de Pichincha Daniel Rodríguez, el delegado del Concejo Municipal de Quito Daniel Burbano de Lara, el Rector de la Universidad, Central Ignacio Gándara; los profesores de la Facultad de Medicina, Dr. Lino Cárdenas, Decano, Rafael Rodríguez, Manuel María Casares, Manuel María Almeida, Guillermo Ordóñez, Juan Antonio López y Luis Leoro.
Los restos se hallaban en una caja cuadrangular, deteriorada por el paso del tiempo. Fuera del cajón se encontró un vestido negro de mujer, fragmentos de bala y tablas. Se sacaron las piezas del esqueleto y los siguientes: una bata de niño, una camisa de niño, la parte delantera de otro vestido de niño y los que se encontraron también los siguientes: un cráneo con partes de huesos de la cara y cuya región temporal llamó la atención de los circundantes y de manera inmediata por perforación que en ella se descubrió, un maxilar inferior un puño y esternón, dos clavículas 19 vértebras, muchos fragmentos de costilla, una del sacro, dos fragmentos de omóplatos, dos húmeros, dos radios, dos cúbitos, algún hueso de las manos, dos huesos ilíacos destruidas, dos fémures, dos peronés, una rótula, dos calcáneos, algunos más de los pies.
Todas las piezas y vestidos, el cajón y la tierra fueron entregados al intendente de Policía para su custodia.
Al día siguiente, convocados a sesión extraordinaria en la Facultad de Ciencias Médicas, a la una de la tarde se hallaban presentes el Decano de la Facultad doctor Lino Cárdenas y los doctores Asencio Gándara, Rafael Rodríguez Maldonado, Manuel María Casares, Guillermo Ordóñez, Ricardo Ortiz Luis Felipe Leoro, Joaquín Ontaneda, Aparicio Batallas y Daniel Burbano de Lara, secretario de la Facultad, además los ministros de Estado y más autoridades.
Se procedió con las formalidades legales a abrir la caja y a estudiar detenidamente las partes óseas. Se llegó a las siguientes conclusiones: “todos los huesos pertenecen a un solo individuo del sexo masculino. Por el examen de las suturas craneales, la configuración de los huesos, la soldadura de las piezas del esternón y caracteres del maxilar inferior, el esqueleto pertenece a una persona de una estatura de un metro sesenta y ocho, a un metro setenta. Se cree que perteneció a un individuo de 35 a 40 años de edad".
Por los caracteres de la lesión en la región temporal derecha, esta debió ser producida por un proyectil esférico de arma de fuego que perforó el cráneo en la dirección de una tangente que, una vez destruidas las partes blandas, dio lugar a la perforación indicada.
Por los cabellos encontrados por su longitud diferente, pertenecen, a dos personas distintas y esto se corrobora por las prendas de vestir de niños encontrados.
La perfecta conformidad que guardan las lesiones del cráneo, con desgarraduras que se encuentran en el sombrero que llevaba la víctima el día del horroroso crimen y la particularidad de la configuración de la cabeza, y la particularidad de la configuración de la cabeza particularidades que resulta mejor comparadas con el perfil trazado en los retratos auténticos del Gran Mariscal.
Las lesiones encontradas en el antebrazo derecho que bien pudieron ser consecuencia del atentado cometido en Chuquisaca, Bolivia, cuando ejercía la presidencia de dicha nación, el 18 de abril de 1828, con lo cual la Facultad de Medicina de la Universidad Central cree que está comprobada la identidad de los restos del Mariscal de Ayacucho que se hallaban secretamente guardadas en el Carmen Moderno. Firmado en el acta respectiva.
El gobierno designó una comisión para rendir un gran homenaje el 24 de mayo y el 4 de junio de dicho año, comisión que se hallaba integrada en la siguiente forma: Por el Concejo Municipal de Quito, D. Daniel Burbano de Lara y Dr. Luis Eduardo Bueno. Por el ejecutivo Dr. Manuel Benigno Cueva, presidente de la cámara del senado, Dr. Carlos R. Tobar, comandante Delfín b. Treviño, Quintiliano Sánchez, Manuel Jijón Larrea, Jenaro Larrea y Julio Andrade. A esta comisión encargada en formular el programa de los actos se agregó posteriormente los señores Juan Murillo, Carlos Monteverde, José Fernández Madrid, Luis Napoleón Dillon, Dr. Alejandro Melo, Julio Jácome Ortega, Dr. Francisco Andrade Marín, Dr. Maximiliano Ontaneda, Juan Ignacio Pareja, Juan José Narváez y Manuel Jijón Ascázubi y Miguel Ángel Albornoz.
De esta conmemoración, se ha guardado el recuerdo de las honras fúnebres, efectuadas con gran solemnidad en la Catedral Metropolitana, en la que se pronunció una oración fúnebre el Monseñor Federico González Suárez.
Esta elocuente oración fúnebre se ha insertado en el tomo de oradores publicado por la colección Ariel, además en varias publicaciones, el Boletín Eclesiástico.
El descubrimiento de los restos del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, se debe al afamado médico Dr. Alejandro San Miguel Melo Montúfar. Es el caso que como facultativo atendió siempre a la señora Rosario Rivadeneira, la que perteneció a la servidumbre de la marquesa de Solanda, esposa del Gran Mariscal. Por esta circunstancia, muy feliz, por cierto, conoció que los restos del Mariscal se conservaban ocultos bajo el altar mayor del Carmen Bajo. Con gran interés y fervor patriótico se dedicó a establecer la verdad y la autenticidad de este secreto y de los restos, según nos ha manifestado el Dr. José Montero Carrión, autor de una importante obra, los Maestros del Ayer y Hoy en Medicina Ecuatoriana.

Crédito de la foto: INPC

 

lunes, 3 de febrero de 2025

Los músicos ciegos de Quito

Por Bolívar Bravo Arauz, excronista de El Comercio para la Sección del Recuerdo 

Se tiene una profunda admiración y simpatía para los artistas ciegos, a los no videntes que han cultivado el arte musical con verdadera maestría, con sentimientos de tristeza que es una clara revelación de su penosa existencia.

Entre los músicos ciegos hay que recordar, entre otros, a los siguientes: Alfonso Correa. fundador de la Sociedad de Ciegos Braille, Humberto de Rosa, Ángel Velásquez, Jorge Puente Humberto Acosta, Guillermo Viteri, Juan Borja y al ciego Basilio.

Comencemos por el ciego Basilio. Era de alta estatura: de cara redonda, le decían al sipo, por cuanto en su niñez había sido atacado de viruela, lo que le ocasionó la pérdida de la vista. Enseñaba a tocar la guitarra y el arpa Además, tocaba la flauta. Tocaba en actos religiosos, en fiestas y diversiones, poniendo la nota de alegría y regocijo. Era muy buscado.

Ángel Velásquez tocaba el arpa con primor. Ejecutaba música antigua y gozaba del aprecio popular. Se cuenta que era propietario de una casa en la Esquina de las Almas, entre las calles Rocafuerte e Imbabura, barrio San Roque.

Alfonso Correa, muy conocido y apreciado en Quito. Hombre culto, sabía leer y escribir por el método de braille en relieve. Tenía varios libros en esta escritura y difundía sus conocimientos, por lo cual fundó la sociedad del mismo nombre. A pesar de su falta de vista, hacía pruebas y deleitaba en las casas de sus relaciones sociales. Tenía un oído finísimo y jamás se confundía con las personas a quienes conocía por su voz y por sus pasos. Fue alumno del Conservatorio de Música y aprendió a tocar el violín con el renombrado artista y escritor Enrique Terán, hijo del general Emilio María Terán. Correa fue artista de la radio e iba acompañado de su hermana Imelda.

Humberto de la Rosa, excelente artista, tocaba música nacional y extranjera. Andaba guiado por su madre, para transitar por las calles de Quito. Actuó por algunas ocasiones en Radio Tarqui.

Jorge Puente. Otro cieguito que se crió en el orfelinato cuando funcionaba en el hospicio. Cansado de pedir limosna, entró al Conservatorio de Música con el profesor Luis Adrián, llegando a dominar el piano. Adrián era maestro de capilla de San Roque y el Carmen Alto. A su muerte ocupó la vacante Jorge Puente. Se hacía leer buenos libros y tocaba el piano en casas de recreo.

Humberto Acosta vivía la quinta El Placer de la familia Álvarez Gangotena, que fue adquirida por el General Leonidas Plaza Gutiérrez, en su segunda administración presidencial para luego destinarlo al Instituto Normal Juan Montalvo.

En la esquina estaba la casa del Argomacín, un italiano que vendía trastos de porcelana. Además, en la misma calle Quiroga, en la parte alta vivía el pintor quiteño Joaquín Pinto. Al final de la calle Chile, vivía la familia Acosta Núñez: el último de los hijos de esta familia era el cieguito Humberto Acosta que tocaba guitarra, piano y violín.

Guillermo Viteri. Quedo ciego al estallar un tarro de pólvora que iba a soldar, fatal suceso que conmovió al vecindario. Tocaba el piano y andaba con un bastón blanco y un pito para pedir a los policías o transeúntes que le hagan pasar. Por su falta de vista era colérico y de mal humor.

Juan Borja. Hay un refrán que dice: Dios da la llaga y da la medicina. Juan Boria quiso iniciarse en el divino arte, el arte de los dioses, en el arte de Orfeo, pero no le fue posible. Ensayó entonces la declamación bajo la dirección de Abelardo Reboredo, en el Conservatorio de Música. Ayudado por una gran memoria, aprendió muchas y selectas poesías. Recitó hermosas poesías con verdadero arte en las radios.

Jamás pidió limosna. Solía pararse en el antiguo Pasaje Royal con las manos sobre el pecho y luego en la iglesia de La Concepción. El corazón de la gente quiteña que no es impávido ante el dolor ajeno le prestaba ayuda económica. Borja entró al Colegio Central Técnico y allí aprendió a tejer en mimbre para ayudarse en la lucha por la vida.

Foto: Imagen referencial de la esquina de las calles Guayaquil y Bolívar, frente a la Plaza de Santo Domingo. 

Crédito de la fotografía: INPC.