lunes, 17 de abril de 2017

La hemofilia puede causar discapacidad



SaludPacientes con la enfermedad, que afecta a uno entre 10 000, recuerdan hoy su Día 




Diego Bravo C. (I)


Los moretones aparecieron en las rodillas y codos del bebé cuando comenzó a gatear. Sus padres estaban desesperados porque el niño no se cayó, tampoco se había golpeado. Solo aparecían hematomas y no se explicaban lo que sucedía.

Más hematomas se producían debajo de las axilas cuando lo levantaban para jugar. Era 1982 y poco se conocía en el país sobre los síntomas que presentan los niños con hemofilia, alteración en la coagulación de la sangre causada por un defecto genético.

Esta provoca sangrados incontrolados (externos o internos), que pueden darse de forma espontánea luego de golpes incluso leves.La enfermedad se clasifica en: A, B y Von Willebrand, que se presentan a su vez en grados leve, moderado y grave.

No existe un tratamiento curativo. Solo puede corregirse, cuando al paciente se le administran las proteínas de coagulación faltante por vía intravenosa: factor VIII y IX.  

Un médico alemán que visitó Quito, en 1982, detectó el problema que afectaba al niño y comenzaron los tratamientos. Han pasado 35 años y ese bebé es Xavier Córdova, quien hoy preside la Fundación Hemofílica Ecuatoriana (Fundhec) con 634 agremiados.

Ellos recuerdan hoy el Día Internacional de la enfermedad que enfrentan. Hasta diciembre del 2016, en Ecuador, se reportaron 585 pacientes con hemofilia tipo A; 84, del tipo B, y 89, con la enfermedad de Von Willebrand. 5 viven con la deficiencia de factor XII. La Federación Mundial de la Hemofilia, reconocida por la OMS, señala que una de cada 10 000 personas nace con este mal en el mundo.

Los tratamientos son costosos en la consulta privada. Nicolás Jara, hematólogo y catedrático de la U. Internacional, dice que pueden alcanzar hasta USD 1 500. Las  dosis se pueden requerir una vez al mes. 

En 16 hospitales y centros de salud públicos se proporciona gratuitamente la medicina a los pacientes, en el país.

Estos tratamientos son profilácticos, es decir previenen de enfermedades. La terapia consiste en el suministro del factor VIII de forma periódica, según el grado de la hemofilia. También se aplica en caso de accidentes, de emergencia. El sangrado repentino puede dañar cartílagos y huesos, causando artritis crónica e incapacidad.

Según la Cartera de Salud, USD 21,2 millones se han invertido en medicina antihemofílica del 2014 al 2016.Para tratar este problema -añade Jara- se necesita de un equipo interdisciplinario de fisioterapistas, traumatólogos, psicólogos y dentistas que se encargan de monitorear el impacto de la enfermedad. 

Salomé Lanchimba es una odontóloga que trabajó como voluntaria en Fundhec. Dice que cuando alguien sufre la enfermedad del tipo leve, solo se presiona despacio la encía hasta que pare el sangrado. Si es grave -detalla- se le aconseja ir a un centro asistencial para que lo evalúe un especialista y le suministre factor VIII. 

Recomienda a quien lo visita que mantenga una higiene bucal adecuada y que se realice chequeos semestrales de la dentadura para evitar lesiones.

María Eugenia López es hematóloga del Hospital de Calderón, en el norte de Quito. Indica que cuando es el padre quien tiene la enfermedad, sus hijos varones no la contraerán. Sin embargo, si tiene hijas, ellas serán portadoras del gen y podrían transmitirlo a sus descendientes (nietos), las posibilidades son del 50%. Es una enfermedad hereditaria, la transmiten las mujeres.

Con ese antecedente, Córdova y su esposa, que tienen un niño de 12 años,  han decidido no tener más familia. Otra es la historia de Alejandro Correa, de 32 años, un paciente hemofílico que tiene una hija de 1 año y dos meses. A él le preocupa que sus nietos hereden el mal. Le enseñará a su pequeña sobre los riesgos, por la probabilidad de que, a futuro, cuando sea madre, sus hijos tengan hemofilia. “Debo prepararla, poco a poco”, dice.

Ambos se reúnen en las oficinas de Fundhec. Con la información de sus agremiados, en la entidad se determinó que el 99% de ellos tiene discapacidad generada por la hemofilia. 

Córdova usa un bastón, ya que se lesionó la rodilla en 1998. Al caer de la bicicleta, su articulación se destruyó. 

En Fundhec también hay casos de niños que han sufrido secuelas de la enfermedad. Ariel, de 12 años, padece Von Willebrand, lo cual le ha generado problemas de retraso óseo y su cuerpo luce como el de alguien de 8 años. A esto se suma que ha tenido heridas internas por las que ha expulsado sangre. Su padre, Bernardo Castañeda, recuerda que una vez en la escuela le golpearon con un balón en el abdomen y tuvieron que  hospitalizarlo. 

Ante esos casos, a los niños con hemofilia se les debe prestar mayor atención. Como todos son traviesos, juegan, corren y por eso son proclives a las lesiones. Lo recomendable es que no practiquen deportes de contacto. 

Los médicos reconocen que si la hemofilia se trata a tiempo, esta no produce muerte. Por esta causa, el Ministerio y el INEC registraron 19 fallecidos en el 2014 y la misma cantidad en el 2015.

miércoles, 12 de abril de 2017

La oferta de carreras se amplía y se potencia en universidades públicas

En Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Central se cuenta con una clínica, en donde se atiende a las mascotas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

12 de abril del 2017
Diego Bravo Redactor (I)

Haciendas productoras de lácteos, fábricas de balanceado o industrias de carne con máquinas de faenamiento. Esos son los espacios en donde un médico veterinario puede ejercer y ampliar su campo laboral tras finalizar sus estudios. No solo dedicarse a tratar las dolencias de animales domésticos en pequeños sitios.

Profesionales independientes que visitan granjas ganan entre USD 120 y 200 diarios. En un centro avícola, un veterinario de planta recibe entre USD 1 500 o 2 000 al mes, incluso más si tiene otras responsabilidades. El salario de un nutricionista de animales en una planta de alimentos balanceados sobrepasa los USD 3 000.

Lo detalla Eduardo Aragón, decano de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Central, basado en información levantada de los estudiantes que se graduaron allí. Hasta el próximo sábado 15 continuarán las postulaciones para cupos en las universidades públicas del país, que empezó el 5. Veterinaria es una de las 1 479 alternativas y no tiene alta demanda como Medicina, Derecho o Administración de Empresas. Disponen de 60 cupos para el próximo curso de nivelación -explica Aragón- y hay un amplio espacio laboral. ​

De las industrias productoras de alimentos, cuenta el Decano, siempre nos piden profesionales para que trabajen en sus plantas de procesamiento. ​ Los alumnos que estudian la carrera coinciden con él. Abigaíl Navarrete, de 21 años, cursa primer nivel. Le gusta la clase de fisiología, en la que estudia el funcionamiento del cuerpo de los seres vivos. ​ “Es difícil y mucha gente se ha retirado”, admite. Está decidida a graduarse y luego buscar trabajo en la industria de producción equina (caballos) o con animales silvestres. ​

 También hay otras opciones como Ingeniería Agronómica, en la que se ofertan 80 cupos para los cursos de nivelación. El decano Antonio Gaybor manifiesta que como parte de las innovaciones se han modificado las mallas curriculares para mejorar la educación. Sumaron materias nuevas como ecología, sistemas de producción o agricultura alternativa.

Se eliminaron otras como construcciones rurales. ​ El campo de trabajo se desarrolla en la producción de flores, palma africana y frutas tropicales para la exportación. Destaca que si alguien aplica en los proyectos del sector público puede ganar USD 1 200. Para Carlos Cordero, catedrático de economía y exrector de la Universidad del Azuay, ahora se requiere promocionar el panorama laboral de otras profesiones, para que los bachilleres no se inclinen a ramas tradicionales. ​

Lo que ocurre, apunta, es que los bachilleres en la actualidad no confían en otras carreras y por eso continúan orientándose a Medicina, Administración de Empresas o Abogacía. En la U. Central hay más opciones como la de Atención Prehospitalaria y Emergencias, que oferta 50 plazas para el propedéutico. Los forman para colaborar en rescates cuando se presentan desastres naturales o accidentes; 360 personas estudiaron allí el semestre pasado.

En otros centros superiores se busca repotenciar facultades y abrir nuevas opciones. Fernando Sandoya, vicerrector de Formación Académica y Profesional de la Universidad Estatal de Guayaquil, comenta que apuntan a que, en un plazo de dos años, se implementen las profesiones de mecatrónica, ingeniería de materiales, logística y telemedicina, agroindustrial. “Previamente hacemos el análisis de pertinencia y calidad para reclutar profesores expertos en estos campos y que estas carreras sean las del futuro, no pasajeras”.

Otras carreras en la U. Estatal se potencian con la actualización de las mallas curriculares, de acuerdo con las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Sandoya anota el caso de Arquitectura, en donde se implementó el uso de impresiones con tecnología 3D en varias materias. En la Escuela Politécnica del Litoral (Espol) hay un menú nuevo para los bachilleres. Arqueología, Mecatrónica, Materiales, Matemática, Tecnologías de la Información y Diseño de Producto funcionarán desde el próximo mes.

Dalton Noboa, director de Admisiones, dice que con ellas se busca ampliar el abanico para los 220 alumnos que ingresan al curso de nivelación. Los interesados en postular deben visitar este portal web. Los jóvenes, con la nota del Ser Bachiller, pueden escoger la carrera y la universidad en donde desean ser admitidos. Y postular vía Internet.

https://www.elcomercio.com/tendencias/oferta-carreras-educacionsuperior-universidadespublicas-campolaboral.html

sábado, 1 de abril de 2017

En Dicaro se lucha por mantener la tradición

Awanca Caiga es uno de los ancianos de Dicaro que conoce la historia de su pueblo y conserva las tradiciones ancestrales. Foto: Galo Paguay /  El Comercio
- Esta es una de las coberturas más especiales que he vivido por las distancias y el contexto de violencia que se generó entre grupos no contactados y los waorani, en el 2014. Llegar a la comunidad waorani y conocer la historia de Dicaro, un poblado ubicado en medio de plantas petroleras, a más de seis horas de El Coca, capital de la provincia de Orellana, me mostró cómo la globalización ha llegado hasta lugares considerados recónditos. Allí, es común ver a jóvenes waorani vistiendo ropa de marcas transnacionales y conectados a Facebook. Eso mezclado con sus tradiciones: la chicha de yuca, las lanzas de colores y la comida tradicional. Una lectura 100% recomendable.



 20 de septiembre de 2014
Diego Bravo C.
Redactor dbravo@elcomercio.com (I)

Los guerreros waorani se alistan para la cacería. Preparan tres lanzas de madera que miden 3 metros y medio de largo cada una y cerbatanas hechas de pambil. Afilan finísimos dardos envenenados en las puntas, que guardan dentro de una caña guadúa negra. Su objetivo es matar monos, sajinos, guantas y huanganas para que sus esposas e hijos se alimenten.

Las armas son conservadas por los ancianos y otros waorani de Dicaro, ubicada en plena selva amazónica ecuatoriana, a seis horas de El Coca, capital de Orellana. El lugar está dentro del campo petrolero adjudicado a la compañía Repsol YPF. De allí provienen los cinco indígenas detenidos hace 10 meses por la masacre a un clan taromenane en marzo del 2013 (en total eran 17 procesados). La historia de ese lugar vive en las mentes de Cabari Tocari, Guewa Wareca, Awanca Caiga Meñewa Boya y Yatora Omaca, quienes son los más longevos.

Nadie conoce con certeza cuántos años tienen ellos, pero su promedio aproximado de edad es de 83 años. Es la primera vez que permiten el acceso a su pueblo luego de que el ingreso fuera restringido tras la tragedia de marzo del año pasado. En sus onkos (casas tradicionales), junto a sus hamacas, tienen hasta cuatro lanzas para protegerse. Su grosor es como el de tres dedos pulgares juntos.

Tipaa Baiwua es esposa de Meñewa Boya, uno de los ancianos de Dicaro. Asa dos cabezas de sajino en una parrilla. Foto: Galo Paguay / El Comercio
Se sienten guerreros y fuertes, pues crecieron en la selva y su vida fue dedicada a la caza, pesca y agricultura en chacras. En sus casas de piso de tierra con techo de hojas de pambil, tienen un fogón con una parrilla para preparar la comida. Allí, cabezas de sajinos y canastos con frutas cuelgan de piolas como despensa de alimentos.

Su forma de cocinar cambió. Hace 40 años, ellos solo hervían la carne en agua para comer. Ahora usan aliños, aceite. Al jaguar lo respetan. Es considerado su animal sagrado y nunca lo cazan. Los viejos cuentan que los waorani descienden de la unión de este felino con un águila.

El sajino es emblemático como fuente de fuerza para vivir en la selva. Es parte de su alimentación cotidiana y el sabor de su carne se parece al del cerdo que se consume en las ciudades. Awanca y su esposa, Yatora, estuvieron en la fiesta ancestral de bienvenida para los cinco indígenas. Desde los parlantes de un viejo discomóvil, sonaban las canciones de Gerardo Morán a todo volumen y la gente de Dicaro tomaba cerveza o chicha de yuca.

El sonido ensordecedor de la música no impidió que contara su historia. “Ella es de la última familia de los tagaeri. Puede ser tío o hermanos. Son gente bravos”, cuenta el traductor que habla con Yatora que solamente se expresa en su idioma nativo wao tedeno. Cuando tenía 8 años -dice- se la llevaron en un combate con los waorani y de joven se casó con Awanca.

Para las batallas o ataques contra los taromenane colocan sobre sus armas una pluma roja que significa la vida y el presente. “Para matar gente tienen una pluma de águila, un pelo de guangana y una de papagayo rojo que identifica el sangre brota”, traduce el wao Nikimo tras escuchar el relato de su padre, Meñewa Boya.

Los cinco ancianos tienen grandes perforaciones en los oídos, las cuales los identifican como los mejores guerreros. Ya no andan desnudos en la selva como hace 30 años; ahora llevan pantalonetas de marcas como Adidas o Nike. Las mujeres utilizan ropa interior.

Mega Baiwa viste gorra y camisetas de fútbol. En Dicaro lo conocen como el mayor fabricante de cerbatanas para la cacería. Con la ayuda de otro traductor, explica que en las nuevas generaciones se pierden las tradiciones wao. Antes de la llegada de las petroleras, la vida era más tranquila, pero ya se ha acostumbrado al ruido y a la presencia de vehículos. Cuenta que antes la caza y pesca era abundantes, pero ahora han mermado.

Dicaro significa –según relatan los ancianos de la comunidad- río de piedras y fue fundada en 1992 por los indígenas que vivían en esa zona luego de que una petrolera estadounidense se instalara allí. Al principio vivían en onkos de madera y pambil levantados en medio de frondosos árboles que medían hasta 40 metros. Pero, con la ayuda de las petroleras introdujeron en volquetas cemento, ripio y otros materiales para la construcción de sus viviendas. Otros se quedaron con sus casas tradicionales.

Al contrario de sus abuelos que recuerdan las épocas de caza y pesca, los jóvenes de la comunidad ahora prefieren hacerse fotos con sus celulares para luego colgarlas en Facebook cuando utilizan el servicio de Internet de la escuela.

También llevan peinados modernos y algunos no saben cazar. Para los longevos, sus pasiones son seguir preparando las lanzas y afilando dardos...

Las mujeres y niñas del pueblo se pintaron la cara para dar la bienvenida a los waorani que estuvieron detenidos. Foto: Galo Paguay /El Comercio

http://www.elcomercio.com/actualidad/dicaro-mantener-tradicion-indigena-waoranis.html

miércoles, 22 de marzo de 2017

Con cirugía es posible controlar la epilepsia

La operación de Monserrate, de 4 años, duró seis horas en el quirófano del Hospital Metropolitano de la capital. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Diego Bravo Redactor (I)

A sus 4 años, Monserrate tenía más de 20 microconvulsiones diarias. Se presentaban cuando estaba en su casa en Riobamba (Chimborazo) junto con sus padres, Jorge Calero y Fernanda Toledo. Ambos recuerdan que la niña tenía la mirada perdida y parecía que no los escuchaba. Dejó de hablar.

Cuando nació, ella tuvo esclerosis tuberosa, una enfermedad que afecta al cerebro y la médula. Eso le produjo epilepsia; las convulsiones fueron controladas con tratamientos. La esclerosis le provocó una discapacidad psicomotriz, pero pese a ello llevaba una vida normal: jugaba, asistía a la escuela, corría.

Todo era normal hasta abril del año pasado, cuando volvieron las crisis convulsivas. Calero recuerda que estaban preocupados y acudieron al Hospital Metropolitano para que la niña fuera evaluada. Allí les indicaron que Monserrate tiene un tumor en el cerebro y que debía someterse a dos operaciones. Una para extraerlo y otra para cortar el cuerpo calloso que une los hemisferios del cerebro, denominada callosotomía, y que permite controlar los ataques.

Esa técnica fue desarrollada en Alemania y Canadá y también se utiliza en esa casa de salud. A cargo del procedimiento estuvo el neurocirujano Carlos Barzallo. “Cortamos ese puente e impedimos que las crisis convulsivas, que pueden originarse por una descarga en el hemisferio derecho, se pasen al izquierdo”. Luego de la operación, las convulsiones pueden controlarse hasta en el 70%.

El galeno precisa que ha hecho cien operaciones de este tipo en los últimos 11 años, en el programa de cirugía de epilepsia del Metropolitano. Con datos de la Liga Internacional de la Epilepsia, añade que esta se reporta aproximadamente en el 2% de la población de los países en vías de desarrollo y que los niños son vulnerables.

Según los últimos datos difundidos por el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), hasta el 2015 hubo 4 262 atenciones a usuarios en hospitales públicos en el país, por epilepsia. La mayor cantidad se presentó entre niños de 1 a 9 años.

A escala internacional, 50 millones de personas padecen ese desorden, según los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La proporción calculada de la población en general con epilepsia activa, ataques continuos o necesidad de tratamiento está entre 4 y 10 por cada 1 000 personas. Sin embargo, algunos análisis realizados en países de ingresos bajos y medianos sugieren una proporción mucho mayor, entre siete y 14 por cada 1 000.

Ante esos casos, la callosotomía es una alternativa para controlar las crisis convulsivas. La operación es de dos tipos. Una paliativa, que ayuda al control de las crisis, y la curativa, que alcanza el 90% de probabilidad de que el paciente no tenga más ataques. La operación de Monserrate se realizó la tarde del lunes pasado y duró seis horas.

Esta se enmarcó en los parámetros de la neurocirugía funcional, que se basa en devolverle al paciente la calidad de vida que perdió por una enfermedad. Eso también aplica para los allegados que cuidan a la persona con esa enfermedad. El costo de la operación es de USD 15 000. Tras la cirugía -indica el galeno- la recuperación es rápida y la inversión en el procedimiento no se pierde. La razón: quien es intervenido ya no tiene que usar medicamentos ni costear nuevos tratamientos.

“El paciente y su cuidador se reintegran a la fuerza económica del país”. Así lo vivió el quiteño Oliver Rojas, de 45 años, quien fue operado hace 11 años. Recuerda que tenía seis convulsiones diarias y temía salir a la calle, porque le podían dar ataques.

Tampoco podía trabajar. Tras la cirugía dejó de sufrir crisis convulsivas, lo cual le permitió dedicarse de lleno a su fábrica de lubricantes de vehículos. Dice sentirse feliz con su nueva situación. Esperan que Monserrate sienta ese cambio de vida, quien era una niña alegre. Disfrutaba de ver dibujos animados. Uno de sus preferidos es 'Dora, la exploradora'.

Con la finalidad de recolectar dinero para operar a su niña, Calero y su esposa organizaron rifas, además vendían comida en eventos deportivos con el apoyo de amigos. La operación resultó un éxito y hoy ansían que Monserrate se recupere pronto. A futuro, Calero no descarta seguir terapias con cannabis medicinal para que su hija siga adelante.

lunes, 20 de marzo de 2017

Universidad a distancia, la opción de 64 000 alumnos

102 alumnos que estudiaron a distancia en la Universidad Tecnológica Equinoccial se graduaron la semana pasada. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Diego Bravo Carvajal
Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com

Su rutina es la misma todos los días. Silvia Aguilar enciende su computadora y revisa los libros de la carrera de Contabilidad y Auditoría que sigue, a distancia, en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). Al mismo tiempo, su hija Amy, de 5 años, coloca sus cuadernos sobre la mesa y hace deberes junto a ella.

A momentos, la mujer hace una pausa en sus estudios para ver cómo su niña avanza en las tareas. El padre no vive con ellas y Silvia cocina, lava la ropa, limpia la casa... También trabaja fuera para costear la educación de ambas. Se levanta a las 05:00 para revisar materia y, a la vez, preparar el desayuno de Amy.

A finales de este mes y en abril comenzarán las clases en las ‘U’ con oferta de carreras presenciales y a distancia. Un poco más del 10% de los universitarios del país se forman bajo la segunda modalidad. De hecho, en el 2015 se registraron 64 103 personas en planteles privados, públicos y cofinanciados. Las profesiones más demandadas fueron Administración de Empresas y Derecho. Hoy, la universidad con mayor cantidad de matriculados, en 18 carreras, es la UTPL con 31 000 en el período 2016 -2017.

Allí, el costo promedio de cada semestre es de USD 600. La Universidad San Francisco de Quito oferta siete carreras en línea. La de mayor demanda es Administración. El precio de cada módulo de ocho semanas es USD 589. En la U. Tecnológica Equinoccial (UTE) hay 10 876 estudiantes en tres ciudades. De ellos, 2 419 se preparan a distancia en 13 profesiones (octubre 2016 - febrero 2017). La de mayor demanda fue Ciencias de la Educación Básica.

El costo promedio de cada semestre a distancia es de USD 1 200. La última promoción de 102 alumnos a distancia de la UTE se graduó entre el jueves y viernes pasados. En ese grupo estuvo Alexander Jácome, de 38 años, quien obtuvo su título en Contabilidad y Auditoría. Cuenta que se demoró 10 años en finalizar sus estudios porque su trabajo le impedía hacerlo más rápido. Viajaba a otras provincias y, a veces, no podía presentar tareas. Otras veces no alcanzaba a juntar dinero para las matrículas. Lo más complicado, a su juicio, se presentó en otra empresa en donde laboró, cuando desarrollaba tareas de jefe. Pero no le pagaban como tal por no ser profesional.


Con su título, aspira a recibir una remuneración acorde con su desempeño. Para Paúl Rodríguez, director del Sistema de Educación a Distancia de este centro, sus alumnos tienen una ventaja: en la mayoría de casos, ya cuentan con empleos en los que ejercen las profesiones, cuyos títulos buscan adquirir con esta modalidad. Como ejemplo cita a los 102 graduados, quienes laboran en áreas que se relacionan con sus clases. “Cuando se preparan de forma presencial, los chicos tienen que comenzar a abrirse un lugar en el campo laboral, tras graduarse”.

En la Universidad Central había, hasta el año pasado, 1 579 estudiantes bajo esa modalidad en las carreras de Administración de Empresas, Administración Pública, Contabilidad y Auditoría. Marco Logroño, subdecano de la Facultad de Ciencias Administrativas, precisa que la educación a distancia ­funciona allí desde 1999 y se ha convertido en una alternativa para quienes deben trabajar para mantener a sus fa­milias y para las madres que necesitan tiempo para cuidar a sus hijos.

Así lo vive Gabriela Cruz, de 25 años, quien cursa el último semestre de Contabilidad y Auditoría en ese centro. Ella es pasante en la U. Central. Atiende en las ventanillas, ayuda a escribir informes y colabora llevando las cuentas de la Facultad de Administración. Por las tardes le ayuda a hacer deberes a su hijo de 6 años, Yuval.

Al mismo tiempo, revisa la materia que aprende por Internet. Antes de comenzar las prácticas, se quedaba en la casa lavando la ropa y cocinando para su niño. Cuando disponía de más tiempo libre incluso trabajaba como impulsadora y como vendedora en islas de centros comerciales.

A veces iba con su hijo a las tutorías presenciales durante los fines de semana. Mientras recibía clases, Yuval pintaba en su cuaderno de dibujos. Paulina Calvache fue profesora a distancia en la Universidad Central durante siete años. Para ella, historias como la de Cruz son cotidianas allí. El perfil de los alumnos que estudian con ese mecanismo -comenta- es diferente al de los jóvenes que lo hacen de modo presencial.
La razón: quienes acuden a clases diariamente tienen a los profesores para cubrir sus inquietudes. Quienes se preparan lejos de las aulas son más investigadores, buscan por su cuenta datos, etc. Para la alumna guayaquileña Sonia Mejía, de 42 años, lo más importante es investigar sobre la materia que recibe en otros libros o páginas web.

Por eso, ella se levanta todos los días, a las 04:00, para revisar bibliografía y sitios web relacionados con la materia que estudia. Mientras cocina para sus tres hijas o limpia su vivienda, escucha las clases virtuales a través de la ‘tablet’ que le entregaron en la UTPL.

http://www.elcomercio.com/tendencias/universidad-distancia-ecuador-sociedad-educacion.html

martes, 14 de marzo de 2017

Plantón por el Día Internacional de la Mujer

El plantón por el llamado al Paro de Mujeres, por el Día Internacional de la Mujer se desarrolló en Quito, con una convocatoria que se dio cita en el edificio de la Fiscalía General del Estado, la tarde de este 8 de marzo del 2017. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO


De todas las manifestaciones por Día Internacional de la Mujer que he cubierto en los últimos años, esta fue la de mayor convocatoria con alrededor de 1000 manifestantes. La avenida Patria se cerró y más de 100 policías resguardaron los exteriores de la Fiscalía General del Estado. No me gusta poner en este blog las notas web, pero en este caso hago una excepción por la convocatoria que tuvo este plantón. Ni la lluvia paró el ímpetu de las manifestantes.

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Unas mil personas participaron en el plantón por el Día Internacional de la Mujer

8 de marzo del 2017
Diego Bravo C. (I)

El plantón por el Día Internacional de la Mujer, denominado #8M #ParoMujeresEcuador, convocó a cerca de 1 000 personas en las afueras del edificio de la Fiscalía General del Estado, ubicado en las avenidas Patria y 12 de Octubre (centro-norte de Quito).

Las manifestantes primero se congregaron en las afueras de esa dependencia y luego se movilizaron hasta la Asamblea Nacional. Finalmente, las manifestantes tenían previsto ir hasta la Plaza de San Blas, en el Centro Histórico, para continuar con la vigilia. Para ellas, unirse al paro es evidenciar que, sin el trabajo de las mujeres, el mundo no funciona, tampoco las empresas...

Lo mismo pasa en los cuidados de los hijos, de la casa y en las familias. Esta tarde, cientos de madres, abuelas, estudiantes, catedráticas universitarias, activistas, profesionales y amas de casa, de diferentes puntos del país, participaron en el plantón. Esto como parte de la convocatoria a un paro que se desarrolló, a escala mundial, para protestar contra la violencia de género y la falta de oportunidades para las mujeres.

Durante la manifestación hubo roces entre la Policía y quienes participaron, aproximadamente a las 17:00. El coronel Fausto Salinas, comandante de la Unidad de Mantenimiento del Orden de la Policía Nacional, informó que un grupo de mujeres trató de ingresar a la Fiscalía, lo cual fue impedido por los agentes que acordonaron los ingresos a esa dependencia.

“Lanzaron baldes de pintura contra las instalaciones del edificio, los vidrios y los uniformados. Se intervino con la prudencia necesaria para retirarles la pintura”, precisó el oficial.

Tras el hecho, un pequeño grupo de agentes quedó con los uniformes manchados de pintura morada, pero no hubo detenidos. Finalmente, los manifestantes se tomaron la avenida Patria y se paró el tránsito vehicular.
De otro lado, Cristina Cachaguay, presidenta nacional de la organización Mujeres por el Cambio, manifestó que un grupo de activistas trató de ingresar a la Fiscalía para realizar una protesta simbólica y pintar de morado un sector de la Plaza de la Memoria, ubicada en los exteriores del edificio.


Algunas mujeres intentaron pintar de color morado la Plaza de la Memoria, en la Fiscalía pero fueron impedidas por policías. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

http://www.elcomercio.com/tendencias/mil-personas-planton-dia-mujer.html

4 994 profesionales de salud dieron el examen de habilitación

1 200 alumnos y profesionales de la salud rindieron las evaluaciones de acreditación en la Universidad Católica. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Diego Bravo C.
Redactor (I)

Llegó al país desde Mérida, una ciudad ubicada en el occidente de Venezuela. El odontólogo Anderson Torellas, de 34 años, se radicó en Ibarra y comenzó a trabajar en una clínica dental de esa ciudad como asistente. Cuenta que su meta en Ecuador es ejercer su profesión.

Se presentó en la Universidad Católica de Quito para rendir el examen de habilitación para el ejercicio profesional de Medicina y Odontología, el domingo pasado. Sostiene que el pénsum académico que recibió en la U. de Los Andes de su país es similar al de los centros de Ecuador. Estudió cuatro horas diarias tras salir del trabajo.

Revisaba el cuestionario de la web del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación (Ceaaces). Según la entidad, 4 994 alumnos de último semestre y profesionales del área de salud se inscribieron para la prueba, en ocho ciudades del país. De ellos, 369 son profesionales nacionales y foráneos que obtuvieron sus títulos de tercer nivel en universidades del exterior y los registraron en la Senescyt. La mayoría son ecuatorianos y venezolanos.

Estos exámenes se realizan desde hace tres años. Holger Capa, consejero del Ceaaces, dice que buscan garantizar estándares mínimos en los profesionales. Así -argumenta- se podrían prevenir los casos de mala práctica profesional. ​ El objetivo también es medir la preparación de quienes ejercen carreras que pueden comprometer el interés público, poniendo en riesgo la vida, la salud y la seguridad.

En otros países como Estados Unidos, España y Chile -comenta- se realiza el mismo procedimiento de evaluar a los profesionales de la salud. En el primero deben pasar el Examen de Licencia Médica para ser autorizados a ejercer y aplicar sus conocimientos. En el segundo hay pruebas de medición de competencias.

Capa explica que la diferencia con otros países es que los exámenes tienen entre 200 y 400 preguntas, mientras que aquí son 130, se debe aprobar el 60% de los ítems. El plan a futuro es adaptar la evaluación local, poco a poco, a estándares internacionales. Y por ende se incrementarán las preguntas. El cuestionario es elaborado por profesionales y académicos de las facultades de Medicina de todo el país. Para José Eras, presidente de la Federación Médica Ecuatoriana, sí es necesaria la evaluación profesional porque se garantizan los conocimientos del personal.

Pero cree que los exámenes deben ser más integrales y abarcar lo práctico, como las destrezas del doctor con los pacientes. A escala nacional, quienes rinden el examen son graduados y alumnos del área de salud ecuatorianos y extranjeros que egresaron desde el 2014 en adelante. No quienes terminaron su carrera antes. Una vez que concluyen sus estudios, los profesionales tienen seis años para dar la prueba y obtener su acreditación. Mientras, no pueden diagnosticar ni recetar al no tener una licencia que los acredite. Cada año se toman dos pruebas.

Es decir, los profesionales de la salud tienen 12 oportunidades para acceder a este requisito, a lo largo de seis años. Todavía no hay una disposición para los casos de quienes no aprueben el test en el tiempo planteado. “Cuando se cumpla el plazo veremos qué ha pasado. Si hay personas que tienen ese problema, tomaremos alguna medida.

Podría haber casos diferentes”. En la última jornada de exámenes sí hubo quienes intentaron por segunda vez pasar la prueba. Los ecuatorianos Rolando Ortiz y Luis Miravá, de 34 y 30 años, estudiaron en la Universidad de Ciencias Médicas Mariana Grajales Coello, en Holguín (Cuba). Según admitió Ortiz, la primera vez que dio la prueba no se preparó, puesto que llegó de Cuba cuando se abrió la convocatoria.

El carchense cuenta que le faltaron pocos puntos para obtener la acreditación. Estaba triste, pero comenzó estudiar tres horas diarias hasta acceder a una segunda oportunidad. Lo mismo hizo el esmeraldeño Miravá. Los fines de semana tomó un curso por USD 250, en Quito, en el que le preparaban para rendir la prueba. Una amiga le recomendó hacerlo. “La primera vez fallé en preguntas sobre Medicina General y Pediatría.

Los procedimientos en Cuba y Ecuador son diferentes”, admitió Miravá. Ambos esperan aprobar los últimos exámenes e inscribirse para la rural. Luego optarán por especializarse. Los resultados estarán listos en un mes.

https://www.elcomercio.com/tendencias/profesionales-salud-examendehabilitacionprofesional-ceaaces-educacionsuperior.html